Quince minutos mágicos fueron suficientes para que el Walter Ferreti definiera el partido de ida (2-1) de la semifinal del futbol nacional.
Los capitalinos, bajo la dirección de Florencio Leiva, saben que terminaron ásperos, débiles y dubitativos, pero aún poseen combustible para mantener la ventaja.
[/doap_box]
Los goles, que parecían ser los primeros, terminaron siendo los últimos para los capitalinos. La defensa del Diriangén, que en la temporada regular echaba humo bajo su armadura de hierro, fue derretida por el cabezazo de Daniel Reyes al minuto cuatro y por la inteligencia del español Dani Cadena (8) sobre el arquero Léster Acevedo.
El Walter Ferreti ladró con vehemencia al inicio del partido. Su media cancha, comandada por Bernardo Laureiro y Michael Williams fungía como los creadores del juego, mientras el muchacho del mar, Javier Dolmus, llegaba con peligrosidad. “La juventud nos mató en el principio”, dijo el técnico del Diriangén, Flavio Da Silva, al ver a sus muchachos jóvenes y guerreros temblar frente al poderío del rival.
Daniel Cadena, en un acto de soberbia y valentía, decidió jugar el partido aún estando lesionado, salió posterior a su gol 23 en el país y a partir de ahí su equipo fue un caos. Luis Peralta necesitó un parpadeo para marcar el gol de los Caciques, tras cabecear de espalda al 35.
En el segundo tiempo, el Diriangén vivió una metamorfosis milagrosa. Coleccionó tantos disparos como afiches. El gol nunca llegó. El hombre llamado a hacerlo falló. El colombiano José Luis Rodríguez dejó con ansias a su equipo.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 B



