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“Marguerite Duras era una escritora en el verdadero sentido de la palabra. Sus novelas no parten de una postura determinada, sino de una necesidad vital, de la urgencia por exorcizar un pasado atiborrado de profundas emociones”, dice la escritora Zingonia Zingone, a propósito de los 100 años del nacimiento de la autora francesa.
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Duras convertida en un clásico de la literatura universal y cuyo espíritu fue “para abordar la escritura hay que ser más fuerte que uno mismo, hay que ser más fuerte que lo que se escribe”, Zingone reitera que “es por esta razón que logra despertar conciencia, sobre todo en aquellas mujeres que han sufrido alguna forma de violencia o discriminación. Su capacidad de relatar de la forma más descarnada y sincera los hechos que marcaron su vida, hace de ella un referente innegable”.
EL LENGUAJE
También Zingonia advierte que Duras con su autenticidad genera en el lector resonancia. “Aún si el uso que ella hace del lenguaje no genera, a veces, cierta afinidad con mi propia forma de sentir, me asombra la lucidez con que mezcla realidad y ficción”.
No obstante, para la escritora Daisy Zamora, en Duras “se conoce a fondo la naturaleza humana, y nos presenta a hombres y mujeres tal y como somos, pero siempre con lucidez absoluta de su condición de mujer. En La vie materielle, nos dice: “… me ponga del lado que me ponga, cualquiera que sea el siglo en la historia del mundo, veo a la mujer en una situación límite, insostenible, bailando sobre un hilo por encima de la muerte”.
Zamora explica que “Marguerite Duras dijo alguna vez que su pensamiento no era jamás totalitario o definitivo, que ella evitaba esa plaga porque nada de lo que uno escribe es exhaustivo. Entender esto es fundamental no solo para no anquilosarse uno como escritor, sino también para no anquilosarse en la vida”.
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