Freddy Blandón Argeñal

Una oportunidad desaprovechada

Los eventos políticos, que acontecieron previos a la Semana Santa, fueron opacados en su importancia por la situación sísmica que hemos vivido después del terremoto del 10 de abril, que provocó que el país permanezca en vilo y en alerta continua. A esta situación nacional se unió la lamentable muerte del creador del “realismo mágico”, Gabriel García Márquez, quien muriera un Jueves Santo como también le ocurriera a Úrsula Iguarán, matriarca de los Buendía en Cien años de soledad.

Y hago esta relación entre literatura y política porque a Gabo le apasionaba este último tema. Así podemos recordar aquella frase en la cual nos advertía que: “Ningún dirigente político, ningún jefe de Estado oye absolutamente a nadie. De manera que tener influencia en un jefe de Estado es lo más difícil que hay en este mundo y, finalmente, ellos terminan teniendo mucha influencia sobre uno”.

La frase pareciera propicia para reflexionar sobre el resultado político reciente. Todos recordaremos que desde hace algunos meses se venía advirtiendo que estaríamos ante un evento político que nos presentaría la oportunidad de fortalecer la institucionalidad democrática de nuestro país, y además ante la oportunidad real de que se abriera un espacio de diálogo entre la oposición y el partido de gobierno, con visión de nación, es decir, sin que hubiese en el país ni confrontación ni confabulación.

El razonamiento era sencillo, si estamos avanzando como producto del diálogo y consenso en el fortalecimiento de la institucionalidad económica, también es posible avanzar a través del diálogo, en la institucionalidad política. Sin embargo, para que lo anterior pudiese avanzar había una condición —también sencilla—, al igual que se ha reconocido al sector empresarial como interlocutor, también tenía que reconocerse al partido líder de oposición, como tal.

La condición para este diálogo por tanto, exigía dos supuestos mínimos. El primero, tomar conciencia que estábamos ante una oportunidad histórica que en un solo evento legislativo se podía fortalecer la institucionalidad democrática del país. Y el segundo, reconocer el peso específico y real de la oposición y su contribución para legitimar este proceso.

Sin embargo, el asunto no fue tan sencillo como se pensaba, los líderes políticos no oyeron. Los resultados finales en la elección de los funcionarios, realizada por el poder legislativo, nos mostró que somos todavía una sociedad bisoña. Nos evidenció que aún no somos capaces —en medio de nuestras diferencias y contradicciones— de precisar la sociedad que queremos construir.

Lamentablemente hemos desaprovechado la oportunidad que teníamos de encauzar invariablemente al país por la senda de la institucionalidad democrática. Y sobre todo, hemos desaprovechado la oportunidad inmediata que teníamos de recomponer “el sistema electoral y la calidad y competencia de los funcionarios que lo integran”. Y por ello tendremos que, a diferencia de otras naciones y culturas, afrontar que en nuestro país la “institucionalidad electoral no ha progresado”. Tendremos como ciudadanos que convivir con un sistema electoral nada confiable, que por sí solo no sería capaz de contrarrestar la polarización política e ideológica que por siempre han fragmentado a nuestra sociedad.

Pero lo que es peor, seguiremos cuestionándonos la viabilidad democrática de nuestro país. Ya que serán prácticamente las mismas autoridades electorales del pasado —que han sido cuestionadas severamente por su falta de transparencia e imparcialidad—, las que se erigen nuevamente como “el principal obstáculo para el desarrollo económico y democrático del país”.

A pesar de ese infortunio, debemos seguir desde la sociedad civil demandando y respaldando el modelo de diálogo y consenso para el tema de la institucionalidad política —que de algún día funcionar como funciona hasta hoy en el ámbito económico— nos debería llevar a alcanzar, en el corto plazo, la necesaria institucionalidad electoral que el país demanda; la cual debemos comprender, es vital para la continuidad democrática de nuestra nación.

Y expongo lo anterior, porque creo que no podemos darnos el lujo de perder en un mismo siglo al creador del continente literario llamado “Macondo”, y además, seguir desaprovechando las oportunidades que se nos presentan para continuar labrando la paz en nuestro país, ya que como dijera Gabo: “La paz es como la felicidad. Se dispone solamente a plazos y se sabe lo que se tenía después de que se ha perdido”. El autor es máster en Derecho Público.

COMENTARIOS

  1. Hector Martinez
    Hace 12 años

    Pone los pies sobre la tierra,lo primero es tener una oposicion que sea realmente oposicion,representada por personas honradas y dispuestas a defender sus principios,que sean elegidos por los integrantes de su partido y no por un dedo,tenemos los mismos malandrines,no dan lugar a los nuevos cuadros,mucho menos a la union de toda la oposicion,segundo,te recomiendo volver a leer a GABO,para que tus escritos sean mas coherentes y te felicito por descubrir el agua caliente.

  2. fultp
    Hace 12 años

    Perdona Fredy pero, de que oportunidad hablas? En que momento los orteguistas propiciaron esa oportunidad?. No le encuentro razon a tu articulo pues ya sabemos que los orteguistas tienen el poder de decidir quienes y, cuantos seran los funcionarios «designadfos», porque eso fue un mamotreto de «reeleccion». La sentencia de T. B. persiste: «Hagamos lo que tengamos lo que tengamos que hacer, paguemos lo que tengamos que pagar, aqui habra FSLN para siempre

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