Judith Flores
Corresponsal / Miami
Una orden de deportación pende sobre el joven nicaragüense Miguel Ángel Rivas Castro, que desde hace tres meses carga un grillete electrónico en su tobillo izquierdo, a través del cual el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), controla sus movimientos. Mientras el padre del joven, Miguel Rivas, fue expulsado el pasado 23 de abril a su país de origen.
Rivas debe presentarse cada lunes en las oficinas de Inmigración, ya tiene fecha de deportación que está prevista para el próximo jueves primero de mayo. “Creo que el lunes 28 (de abril), me podrían dejar detenido porque la fecha está próxima. Interpuse una moción en una Corte Federal para reabrir el caso pero Migración no quiere aguantar (posponer) la fecha de deportación”.
Rivas reside en Estados Unidos hace diez años, mientras su padre tenía 13 al momento de su deportación. “Aplicamos por asilo político, perdimos el caso y aunque apelamos también perdimos la apelación. Migración nos puso orden de deportación automática hace tres años”.
“Nos dijeron que no importa que hayamos interpuesto una moción para abrir el caso, que igual debemos abandonar el país. Lo único que estamos pidiendo a Inmigración es que haya una espera mientras la Corte da un fallo”.
Rivas, que labora en una imprenta en Miami, debe presentarse cada lunes en Inmigración con el pasaje aéreo en mano que lo llevará de regreso a Nicaragua, una situación que considera sumamente traumática.
El joven dice vivir bajo constante estrés, no quiere regresar a Nicaragua porque considera que no hay condiciones para su retorno con el actual régimen, tampoco quiere separarse de
su familia.
Lo que más lamenta es que sabe que hay una Reforma Migratoria en puertas que podría solucionar su situación migratoria de manera definitiva. “Solamente estoy pidiendo un poco de tiempo, una oportunidad para arreglar mi situación”, suplicó.
Su padre solicitó asilo político porque fue exmilitar del Ejército Popular Sandinista (EPS), en la década de los 80, era encargado de las baterías antiaéreas pero desertó. “Mi papá se dio cuenta que los sandinistas no eran lo que se pensaba, se fue a vivir a Costa Rica, y luego se trasladó a Estados Unidos“ sostuvo.
“Cuando uno viene a este país uno nunca piensa que va caer en este tipo de situación, era la única opción que teníamos para quedarnos aquí, todas las pruebas presentadas son ciertas, lo único es que aplicamos muy tarde”.
Francisco Portillo, representante de Unidad Hondureña, la organización que hace dos semanas hizo un plantón frente a la cárcel de Inmigración en Krome, para demandar la no deportación de Miguel Rivas (padre), dijo que no lograron detener la expulsión, sin embargo siguen haciendo gestiones para lograr que Rivas Castro, pueda permanecer en Estados Unidos, junto a su esposa e hijo.
Portillo dijo que Rivas Castro es un hombre trabajador y tiene un récord limpio en Estados Unidos, por lo que continuará abogando para evitar la deportación de Rivas.