Julio Icaza Gallard

Memoria de García Márquez

Con García Márquez a la cabeza, la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX llega para recordarnos el prodigio de América, revivir el asombro de quienes la conquistaron, pasado mítico, a la vez que utopía, y sueño que pronto degenera en pesadilla.

Él mismo recuerda, en su discurso de aceptación del Premio Nobel, la fauna delirante descrita por Antonio Pigafetta, navegante florentino que acompañó a Magallanes; la leyenda de El Dorado; la búsqueda durante ocho años de la fuente de la Eterna Juventud, por Alvar Núñez Cabeza de Vaca; las once mil mulas cargadas de oro que salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino; las gallinas que se vendían en Cartagena, criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban pepitas de oro.

La ironía de Cervantes frente a las fábulas de caballería, cifrada en su fantasía quijotesca, tiene por contrapartida aquella lenta invención de América, cartografiada por Edmundo O’Gorman, y cuyo presagio ordenó Alfonso Reyes: los sueños de Ofir y de Catay, la Atlántida, el Cipango y la Antilla, el Reino de las Amazonas: las mentiras que guiaron tantas veces a los exploradores.

Entre el vasto e indomeñable mundo de la naturaleza americana, descrito en Canaima por Gallegos, y el laberinto metafísico de Oliveira, el personaje de Rayuela de Cortázar que deambula por las calles de París y Buenos Aires, García Márquez devela con su imaginación desbordante el espacio mítico de nuestra prehistoria, donde el tiempo cíclico se cierra y recomienza incesante con el recuerdo de infancia del coronel Aureliano Buendía en el paredón de fusilamiento, cuando fue llevado a conocer el hielo, la maravillosa invención de una modernidad que hasta hoy pareciera seguir siendo inalcanzable.

Cien años de soledad , como dice Carlos Fuentes, “nos hace darnos cuenta del hambre que nuestro inmenso espacio sigue teniendo de historia”. El mundo creado por Gabo es el reflejo y creación mítica de ese tiempo infantil en que nada progresa y donde se despliega un poder que decide las horas y decreta su eternidad a la vez que duerme en el suelo como los niños, la cabeza sobre el brazo derecho como almohada, sufre de amores no correspondidos y arrastra los males inguinales de una inmensa potra en el testículo, como sucede en El otoño del patriarca .

A la zoología fantástica acreditada por los cronistas de Indias pronto se une el bestiario de quienes se disputan y detentan el poder, los Cortez, Pedrarias y Pizarro, y los tiranos de opereta que proliferan tras el derrumbe del imperio español y la gran mentira de la independencia: los Gómez, Estrada Cabrera, Hernández Martínez, Carías, Somoza, Trujillo, que pueblan, como tiburones, las republiquetas del Caribe, y cuyas historias concurren a dar forma a la figura del Patriarca.

Nos deja Gabo un mundo mágico y terrible, el de sus novelas, nuestra mítica prehistoria, nunca superada, siempre dormida y capaz de reencarnarse, escrita con genialidad maestra, para que jamás lo olvidemos. Como esa anécdota de Juan Vicente Gómez, quien mandara a publicar su muerte a fin de averiguar quiénes eran sus verdaderos enemigos, lo que hace también el Patriarca a través del deceso de Patricio Aragonés, su doble, para liquidar después, a punta de metralla, a todos los que habían expresado contento.

Anécdotas que recientemente recordamos, cuando el jefe de quienes estafaron a Gabo y hoy gobierna Nicaragua se hizo invisible durante varias semanas y el rumor de su muerte llegó hasta los despachos de las cancillerías europeas y movilizó a los más conspicuos servicios de espionaje. Para que nunca olvidemos y estemos atentos, pues la lucha de un hombre contra el poder —como decía Kundera— es la lucha de la memoria contra el olvido.  

El autor es jurista.

COMENTARIOS

  1. Guillermo Valladares
    Hace 12 años

    Y amigote incondicional del tirano mayor de las Americas, Fidel Castro, lo que lo rebajo y denigro de escritor a un insensible ser viviente deshumanizado, sin ninguna virtud para defender la palabra que tanto manipulo para sus intereses monetarios y no para la libertad universal.

  2. Lucho
    Hace 12 años

    Lástima que G.M. Se rebajó con la izquierda. A tal punto que fue cómplice del Genocidio que se ha y sigue cometiendo en Cuba ante la mirada paciente de tipos como el. No tolerar fusilamientos , cárcel y tortura venga de dónde venga izquierda o derecha solo por disentir con las ideas de los tiranos debe ser la postura de alguien honesto y acorde a lo que escribe, pública y se hace famoso. Si no lo hace es un hipócrita social que no merece premio, ni aplausos.

  3. Nicanor
    Hace 12 años

    Somos un continente desperdiciado. Hace más de cincuenta años Carlos Fuentes dijo que éramos «Una novela sin novelistas». Hoy, somos lo contraio, la gran novela repetida que a diario nuestros intelectuales proclaman que la estamos crucificando, y por más que lo dicen, domina la sordera y la seguera. Seremos irredentos. A nuestro gra solar le hemos robado hasta la sombra.

  4. armando
    Hace 12 años

    G. Marquez el defensor a ultranza de la hiena del Caribe, Fidel Castro Ruz y de su hermano Raul. Como un individuo de dotada mente pudo ser complice criminal ideologico de un regimen tan sanguinario como el comunismo criollo o sea el castrismo? no por algo se hacia llamar «el Sandinista». Obviamente para el fueron poca cosa los 50,000 muertos en la lucha por la liberacion de Nicaragua contra el castrismo-sandinismo. Sus libros no Deben ser leidos por la gente decente nicaraguense.

  5. Loreto
    Hace 12 años

    Un magistral recuerdo de lo que vivimos a diario. Gracias por mantenerlo en la memoria porque la rutina de la vida nos hace olvidar lo que somos.

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