Chester Membreño Palacios

Colectivismo venezolano a la deriva

La convulsión política, el desabastecimiento y escasez de alimentos y bienes básicos que enfrenta el pueblo de Venezuela es una historia vivida en carne propia por los nicaragüenses, recordamos los aciagos años ochenta, cuando el colectivismo, la economía estatista y las confiscaciones propias de las revoluciones socialistas destruyeron todo el andamiaje de la iniciativa privada empresarial como fuerza motriz de la producción industrial, financiera, agrícola y servicios.   

Lo excepcional del caso de Venezuela radica en la riqueza petrolera de esa nación, y no en los discursos trasnochados del oficialismo, viviendo de forma anacrónica la utopía socialista y con influencia marxista, como si la guerra fría aún estuviera vigente, o si el imperio ruso-soviético y su colectivismo no hubiera fracasado en el mundo. Venezuela ha despilfarrado sus recursos petroleros en ganar influencias y populismo a lo largo de todo el continente, el régimen chavista ha perseguido al empresariado, provocando fuga del capital nacional y extranjero, la burocracia, el mercado negro y el nivel cero de su atractivo país para nuevas inversiones extranjeras, tienen al borde del caos a ese país.

Cuando el socialismo mundial pretendió sustituir al cristianismo como el verdadero redentor de los pobres del mundo, Winston Churchill escribió: “El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia, la prédica a la envidia. Su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”.

En Nicaragua los jóvenes que son usados como fuerzas de choque del FSLN, no vivieron la época de hambruna nacional de los ochenta y no percibieron el fanatismo de los rótulos en nuestras carreteras con las imágenes de los líderes ateos, Carlos Marx, Federico Engels y Lenin. Ellos se limitan a repetir el guión oficial cuando son entrevistados al respecto, sin aportar nada nuevo, no hay criterio propio: “la restitución de derechos”, “nuestro comandante eterno”, “la unidad latinoamericana, con Bolívar, el Ché y Fidel Castro”. Algunos huyen de las cámaras, saben que las empresas no emplean a quienes abandonan sus estudios por ir a rotondear.

En el caso de Nicaragua, Estados Unidos representa su principal aliado comercial. Como político liberal derechista no puedo dejar de sentir orgullo por los liberales que aprobaron el Tratado de Libre Comercio (TLC), a pesar que el FSLN se oponía, usando los mismos argumentos de siempre: la lucha antiimperialista, la gesta de Sandino, la explotación del hombre por el hombre, etc. En siete años de vigencia, el Cafta ha representado más de 7,000 millones de dólares en exportaciones hacia los Estados Unidos; dos mil millones en inversión extranjera directa, empleos productivos en zonas francas industriales y agronegocios y la Usaid fortalecimiento del espíritu empresarial de micros, pequeños, medianos y grandes negocios.

Gracias al libre comercio que impera desde 1990 por la democracia, se rompió el aislamiento de Nicaragua con los países de la órbita capitalista, trayendo accesibilidad de los nicaragüenses con el ideal, estilos de desarrollo tecnológicos, formas de vida y actitudes empresariales; entretenimiento y uso de redes sociales y tecnologías de la comunicación, acordes a una identidad globalizada, al contrario del aislamiento que viven en Cuba, Corea del Norte y en cierta medida en la Venezuela chavista.

El autor es abogado y notario público.

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