Leonie Suhr
Lamentablemente los nicaragüenses no aprecian realmente el país en que viven. Conocen tierras lontanas antes de conocer este país maravilloso. Su país.
Nuestro país está bendecido con siete tipos de bosques, del bosque subtropical seco al bosque de lluvia. Cada una de estas áreas de bosques contiene su propia colección de plantas, animales y otras especies.
Sin embargo, toda esta biodiversidad está en peligro de desaparecer, a pesar que el gobierno de Nicaragua hace esfuerzos por proteger su vida salvaje; la pobreza, el crecimiento de la populación y los cambios climáticos ponen presión sobre el hábitat del país.
Viví 45 años en el extranjero sin jamás perder mis raíces nicaragüenses. Me encanta todo lo que se refiere a nuestro país: su gente, sus costumbres y me doy cuenta del potencial que hay por desarrollar en Nicaragua. Me sentía ofendida viviendo en el extranjero cuando me preguntaban de dónde era, y al decir Nicaragua, se referían inmediatamente a un país del tercer mundo.
No puedo negarlo, pertenecemos a los países que califican del tercer mundo, pero siempre me sonaba peyorativo. Me indignaba cuando extranjeros sin hablar el español, ni conocer el historial del país, venían a hacer sus estudios con sus estadísticas y teorías adelantadas del mundo computarizado, daban su opinión sin tener en cuenta la belleza de la que estamos rodeados.
Desde el tiempo que me encuentro nuevamente viviendo en mi país, he viajado del extremo Norte al extremo Sur, de Este a Oeste. Siempre encontrando paisajes, gentes y costumbres de las cuales podemos estar orgullosos. En estos últimos dos años he llegado a conocer Nicaragua como pocas personas que tienen toda una vida en el país. Bueno, es tiempo que despierten y miren a su alrededor y se den cuenta del capital natural que tenemos.
Hay una cosa que me choca la vista: es la basura. Los basureros por todos lados y sin control alguno. Sé que hay un esfuerzo nacional que se está haciendo en “vivir bonito”. Pero primero deberían de hacer un esfuerzo en educar a la gente cómo se vive bonito. Poner basureros por todos lados.
Tuve la experiencia de vivir en Thailandia y ahí el Gobierno resolvió el problema repartiendo bolsas grandes de plástico sólido y pagando a la populación para que la llevaran a unos ciertos puntos de la ciudad, donde recogían estos bolsos. Tenían su norma, ya que era por peso que se pagaba.
Puede ser esta una solución para ya no ver las bolsas plásticas que se utilizan para cualquier cosa que cuelgan de los árboles como si fueran frutas, o papeles y cualquier artefacto inutilizable tirado en las calles y en los terrenos. La posibilidad existe de que haciendo más esfuerzos lleguemos un día a ser un país del “segundo mundo”.
Pongo de ejemplo el poblado de El Castillo, en el Río San Juan. Me sorprendió mucho y me alegro enormemente encontrar un pueblo de lo más limpio con basureros selectivos y las personas cuidando de mantener la limpieza. Querer es poder y todo es posible. La autora es escritora nicaragüense
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