Los estudios de la Sábana Santa

La Agencia Nacional Italiana para las Nuevas Tecnologías, Energías, y Desarrollo Sosteniblen (ENEA), cuyas investigaciones son repartidas entre quince laboratorios y centro científicos distribuidos en toda Italia, ha publicado oficialmente el resultado de unos estudios enfocados sobre la última experimentación científica que ha dedicado a la Sindone, conocida como Sábana Santa en el mundo hispano

Desde 2005, un grupo de investigadores en el grupo ENEA dirigidos por el doctor Paolo Di Lázaro, dio inicio a unas investigaciones cuyo objetivo era reproducir sobre un lienzo, la coloración similar a la imagen que presenta la Sábana Santa en su tejido.

Desde mis primeras publicaciones en LA PRENSA (1998), he argumentado que a raíz de la primera toma fotográfica sobre la Sindone (1898), las diferentes disciplinas científica identificaron tres probables respuestas ante el misterio de “cómo pudo formarse esa imagen corpórea, dorsal y frontal, que ese hombre dejó imprimida en el lienzo de lino”: 1- Por contacto, 2- Por proceso vaporigráfico, 3- Por energía radiante.

Sin embargo todas las teorías propuesta hasta hoy, incluyendo las de algunos medios masivos como Discovery Channel, aunque interesantes resultaron ser pobres o mediocres por no haber sido sustentadas por verificación experimental serias o porque evidenciaron en las imágenes obtenidas, características físico químicas muy diferentes a las que posee la imagen de la Sábana Santa (custodiada en Turín, ciudad norteña de Italia).

Ya desde los exámenes efectuados directamente sobre el sagrado lienzo en 1978 (8-13 de octubre) por los investigadores científico americanos del STURP (Shroud of Turín Reaserch Project) consistente en: Espectroscopia en lo visible, en lo ultravioleta, de masa, radio-x, IR, termografía infrarroja y radiográfica, etc., demostraron que examinando las áreas de la imagen y las parte hemáticas, no hallaron pigmentos colorantes (típicos de una pintura) y la imagen corpórea, por debajo de las manchas hemática, está totalmente ausente. O sea que, el cuerpo cadavérico de ese hombre dejó en evidencia, en esa sábana, las huellas hemáticas, pero sin que se hubiera todavía formado la imagen corpórea, sino hasta después, probablemente en el sepulcro. En cuanto al tenue color ocre de la imagen, no se trata de producto colorante de la “pintura”, sino de la oxidación y deshidratación de las celulosas de las fibras superficiales del tejido de lino, con formación de grupos carboxílicos conyugados.

Los investigadores de ENEA, utilizando un Láser Exciplex (que es un gas noble tipo argón, criptón, o xenón), combinado con un gas reactivo —fluorina—, bajo apropiadas condiciones de estimulaciones eléctricas y altas presiones crearon una pseudo-molécula llamada “excimer”, que da emisiones cerca del ultravioleta. Usando ese principio, lograron obtener sobre pequeñas áreas del tejido de lino, la igual y perfecta colorimetría que presentan las fibrillas que componen la superficie de la Sábana Santa. La ciencia logró otro paso adelante, indicando que la hipótesis más sólida para entender cómo se formó esa imagen aqueropita (no hecha por mano humana), no era la composición química del “contacto” ni de la esparsión “vaporigráfica”, sino la tercera, la de una “energía radiante”. Esos resultados científicos, con todos sus detalles, fueron publicados en forma oficial en diciembre 2011.

Haciendo memoria, recordamos también que los norteamericanos doctor Jumper y doctor Jackson (de la Jet Propultion de la NASA de Pasadena, en 1977), descubrieron que la Sábana Santa tiene tridimensionalidad, prueba de que fue envuelto en ella un cuerpo cadavérico, y que esa sangre resultó ser humana y no animal o pintura, codificando su grupo sanguíneo del tipo-AB.

La tridimensionalidad confirma que la Sindone tiene tres direcciones espaciales, por lo tanto no presenta direcciones preferenciales, típicas de las pinceladas, que componen una pintura. La tridimensionalidad no está presente en las pinturas ni en la fotografías, siendo que tienen propiedades bidimensionales. Además ya desde 1951 se tenía conocimiento de la presencia de moneditas en los párpados. Pero hasta que se afinó la tecnología, con la intervención de instrumentación sofisticada de la NASA (ciencia eidomatica), se descubrió que se trataba de dos moneditas que la numismática reconoció en la Dilepton Lituus y la otra en la Leptón Simpulum. Ambas del periodo romano, año XI de Tiberio, o sea del 24/29 d.C. Estas moneditas con su datación y con los resultados de las demás disciplinas científicas descalifican los resultados del radiocarbono C-14, que por errores de procedimiento científico llegaron a datar la Sábana Santa a un periodo medieval del 1260-1390.

Confirmando la originalidad de este histórico lienzo funerario, a través de: las moneditas romanas del lituus, de los pólenes “cistus creticus” y “Goundelia Tournefortii” (este último un árbol palestino, que florecía entre marzo-abril y que se extinguió hace dos mil años). Por esto es suficiente poder confirmar la exacta edad de la Sindone (o sea que el lienzo de Turín tiene 2,000 años), y que en él se envolvió el cuerpo cadavérico de un hombre.

También es importante observar cómo el cadáver se mantuvo allí lo suficiente para dejar imprimida esa impresionante imagen, pero no más del tiempo necesario, unas cuantas horas, para evitar que iniciara el proceso de descomposición cadavérica, que hubiera borrado definitivamente las huellas de ese cuerpo, muestra de una crueldad y torturas humanas que ni las leyes mosaicas ni romanas hubieran podido autorizar.

La Sábana Santa (o Santa Sindone) es un lienzo funerario que presenta una impresionante imagen no hecha por mano de hombre. De todas las imágenes que la cristiandad tiene, ella es la reina. Una reliquia insólita y misteriosa.

La Sábana Santa es un testigo muy singular, mudo, y al mismo tiempo sorprendentemente elocuente. Un desafío a la ciencia, un desafío a la inteligencia humana.

El papa Juan XXIII, observándola en unas fotografías que le obsequiaron miembros del grupo de Cultores Sanctae Sindonis, decía repetidamente: “Digitus Dei est hic” (“…Aquí está el dedo de Dios”).

Los investigadores del ENEA terminan su relación científica aclarando que:

“No llegamos al fin, estamos solamente componiendo las piezas de un puzle científico fascinante y complejo. El enigma sobre el origen de la imagen de la Sindone de Turín, deja una vez más una provocación a la inteligencia”. El autor es representante del Centro Nicaragüense de Sindonologia, autorizado por el Centro Internacional de Sindonología (CIS) de Turín, Italia.

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