Diálogo entre los obispos y el Gobierno
Mucha expectativa ha despertado el posible diálogo entre los obispos de nuestra Iglesia católica y el Gobierno. Algunos quieren que los obispos se vuelvan los representantes de los partidos políticos de oposición, otros que no se metan en política. Ni lo uno, ni lo otro.
Si consideramos que la política “aborda el estudio de las problemáticas que se plantean en una sociedad y que deben ser resueltas para asegurar una convivencia armónica de las personas que la conforman”; y si la Iglesia solamente existe en medio de la humanidad y de “los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo”, entonces comprenderemos que nada de lo auténticamente humano puede ser ajeno para los obispos de la Conferencia Episcopal.
Muy pocos conocen uno de los tesoros de la Iglesia católica como es su enseñanza social, conocida como Doctrina social de la Iglesia, cuyo objetivo primordial es el hombre inmerso en la compleja realidad de la sociedad moderna. Desde sus inicios y siguiendo las enseñanzas de su fundador, la Iglesia siempre ha hecho una clara opción por el ser humano y su bienestar, y aún más hoy cuando, no solamente su interioridad, sino sus aspectos materiales y sociales están siendo seriamente amenazados.
Sabemos que el Gobierno está haciendo esfuerzos por “restituir” a los nicaragüenses “derechos” que en el pasado ejercía a medias, tales como el de educación gratuita, vivienda digna, y servicios básicos accesibles a todos, pero aún tiene pendientes otros no menos importantes como lo son el derecho a una salud integral, a la justicia plena y a poder elegir transparentemente a sus representantes.
Por eso pienso que hay mucho de qué hablar. Sé que los obispos van a este diálogo animados por la responsabilidad de ser pastores de su pueblo y van a plantear y ayudar al Gobierno, quien es el que tiene la mayor responsabilidad, a buscar solución a muchos de los problemas que nos afligen.
Por eso, para un diálogo fructífero, oremos por nuestros obispos y por nuestros gobernantes como nos lo pide San Pablo. Un pueblo entero espera el actuar de sus dirigentes para que empecemos a dar paso a una Nicaragua apegada a los principios cristianos universales de amor entre todos, y de justicia y paz para todos, recordando siempre lo que nos dice nuestra Iglesia: “el Evangelio nos muestra, con abundancia de testigos, que Jesús no fue indiferente ni extraño al problema de la dignidad y de los derechos de la persona humana, ni a las necesidades de los más débiles, de los más necesitados y de las víctimas de la injusticia. En todo momento ha revelado una solidaridad real con los más pobres y desdichados, ha luchado contra la injusticia, la hipocresía, los abusos de poder, el afán de lucro de los ricos, indiferentes a los sufrimientos de los pobres, haciendo una enérgica llamada al rendimiento de cuentas final, cuando volverá con gloria para juzgar a vivos y muertos”.
Humberto E. Corrales M.
¿Cuándo cambiaremos de gobierno?
Es muy triste ver cómo la oposición en Nicaragua se siente frustrada porque cuando convocan a las personas para defender la democracia, la libertad de expresión, de pensar y todos los demás valores que conforman una República, muy pocas personas llegan a las manifestaciones.
Quisieran que acudieran miles de ciudadanos para que los apoyen en su noble objetivo de sacar del poder a la dictadura Ortega-Murillo, y así demostrar que tienen un músculo político, pero actualmente está atrofiado. Sin embargo, ese escaso respaldo se debe a que es Dios quien influye en las personas para que no participen en las protestas porque no es el tiempo de Dios. (“En tu mano están mis tiempos; líbrame de las manos de mis enemigos y de mis perseguidores”, Salmo 31:15) para cambiar a las autoridades actuales, al menos no por ahora.
Romanos 13:1 “Porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”. Debemos estar claros de que es Dios (y no las personas) el que pone y quita los gobiernos, sean estos democráticos o dictaduras. Recordemos lo que sucedió hace unos años en el norte de África cuando varias dictaduras fueron derrocadas. ¿Y qué lo inició? Un vendedor de frutas de Túnez harto del abuso y de la corrupción de las autoridades decidió inmolarse como método de protesta. Eso fue lo que encendió la chispa para que toda la oposición se despertara de su letargo que eventualmente causó la huida del tirano y de su familia. Luego se contagiaron los países vecinos de la primavera árabe y cayeron más dictaduras.
Esto nos dice que cuando Dios está listo para cambiar los gobiernos, puede utilizar a cualquier persona o evento para llevar a cabo sus propósitos. Y al parecer la primavera árabe ya llegó a Venezuela. Es tan obvio que los días del régimen chavista están contados. El canciller venezolano Elías Jaua va a tener que tragarse sus palabras arrogantes cuando dijo: “Ni siquiera Dios puede detener la revolución bolivariana”.
El gobierno de Ortega ya se está preparando para la caída de Maduro, por eso la urgencia que tienen de incrementar y de crear nuevos impuestos porque saben que perderán el negocio del petróleo venezolano. El trabajo de la oposición en Nicaragua es la de estar alerta para reconocer esa oportunidad de oro que Dios nos dará para cambiar el gobierno —en su tiempo—. Mientras tanto sigan denunciando la corrupción y la violación de los derechos humanos de esta dictadura.
José Ramón Quiñónez
Políticos matagalpinos
Algunos como héroes otros como villanos, entre personajes y personalidades se barajan muchos nombres de Matagalpa. Entre ellos se recuerda a don Bartolomé Martínez como un presidente progresista y el más honrado que ha tenido Nicaragua. Julio Cisne Páez rechazó el ofrecimiento de Anastasio Somoza de nombrarlo ministro de Agricultura, decidió terminar su período como alcalde de todos los matagalpinos a diferencia con un reciente alcalde que no la pensó dos veces en aceptar la presidencia del FISE. Este construyó escuelas y muchas calles en el papel, con fotos se pagaba un proyecto que nunca existió y generó tanta corrupción y escándalo que intervinieron los organismos donantes, pero se toparon con una tecnificada y sofisticada corrupción y una Contraloría cómplice que fue incapaz de e auditar y el dictador Ortega se vio obligado a mandar al “exilio” como embajador en República Dominicana a su fiel activista político.
Carlos Fonseca decía que se justificaban algunos métodos en la lucha pero nunca que un revolucionario se prestara para un fraude electoral. Tomás Borge animaba a Daniel Ortega: hagamos lo que tengamos que hacer, digan lo que digan no importa, debemos mantener el poder a cualquier costo. Hoy Carlos y Tomás están juntos en grandes y misteriosas estatuas en el parque Morazán de Matagalpa, dentro de la fuente luminosa que permanece seca.
Roberto Rivas, recordado en el colegio San Luis como un pésimo estudiante pero apadrinado por monseñor Miguel Obando, es el personaje que ensombreció el brillo de la Perla del Septentrión, al coordinar los últimos fraudes electorales para que el ilegal e inconstitucional presidente nunca pierda una elección. Sus honorarios por tan importante labor lo convirtieron en millonario, no le importa ni piensa que cuando pase al basurero de la historia su maldad contagiará a su quinta generación; es dueño de fincas y haciendas en el municipio de San Ramón, las que visita en helicóptero para evitar pasar por la ciudad y lo señalen de corrupto aunque esto no lo puede afectar porque aprendió de Arnoldo Alemán, quien decía que “la vergüenza pasa y la comodidad queda en casa”.
Roberto Rivas sabe y siente que en cualquier elección limpia Ortega pierde el poder. Y él, como la Foca Monge de la “fauna encantada” disfruta de paradisiacos paisajes su buena vida a la orilla del mar. Dios salve a Nicaragua.
Leopoldo Villalta López
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