Roy Moncada
Hoy martes 15 de abril se cumplieron seis días de insomnio para los habitantes de Managua y la población de la franja del Pacífico nicaragüense, a consecuencia de la serie de terremotos que iniciaron desde el 10 de abril.
Aunque los escenarios por esta agitada actividad sísmica no superan a los del terremoto de 1972, cuando la capital se fue abajo matando a diez mil personas, el drama no pasa inadvertido y la alarma no deja de preocupar a los ciudadanos.
Los violentos sismos han alterado la vida de los capitalinos: la gente duerme a la intemperie, se acuesta con miedo, huye de los edificios, baja al piso sus enseres y asegura sus electrodomésticos, refuerza sus paredes y huye.
Los sismos han desplomado 1,035 casas y agrietado miles más.
Las madrugadas ya no se aprecian con calles desoladas, sino con familias afuera de sus hogares, pidiendo que la probabilidad de desgracia desaparezca y logren ver el amanecer.
Producto de la amenaza de ocurrir un sismo desastroso, el Gobierno central activó alerta amarilla y luego pasó a la alerta roja a nivel nacional, porque pese a que es el Pacífico el afectado, el resto de la nación no está exenta de afectaciones.
Desde el terremoto del jueves, la actividad laboral y comercial ha estado irregular, las pláticas se centran solo en este fenómeno y no se duerme con tranquilidad.
Demoliciones de los vestigios de edificios, evacuaciones masivas, instalación de hospitales de campaña y personas viendo pasar el tiempo afuera de sus casas son algunas de las imágenes que se viven.
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