Un poco más de dos y medios siglos se cumplieron el recién pasado 11 de abril del nacimiento del médico inglés James Parkinson (1755-1824) quien describió por primera vez hace en 1817, con el nombre de “parálisis agitante” (1817) a la Enfermedad de Parkinson (EP) un padecimiento que en la actualidad afecta a más de cinco millones de personas en el mundo. En Nicaragua se calculan unos 1,500 a 2,000 personas afectadas.
Generar sensibilidad y apoyo mundial contra este padecimiento es el propósito de esta celebración y en esta oportunidad llevó por lema “TODO SUPERHÉROE NECESITA UN SUPERCOMPAÑERO” con el propósito de promover la solidaridad para estos pacientes que sufren la segunda enfermedad neurodegenerativa que afecta a seres humanos después de la demencia de Alzheimer.
La EP, también conocida como parkinsonismo idiopático está producida por daño o deterioro progresivo en una zona del cerebro donde se encuentran neuronas productoras de dopamina, localizadas en la sustancia negra (ganglios basales) cuyo origen es desconocido, genera un cuadro clínico crónico con manifestaciones cardinales, motoras y no motoras que caracterizan a una enfermedad crónica que afecta a personas de todos los sexos, razas y ocupaciones en la inmensa mayoría a partir de 60 años.
Casi todos los casos de EP son de tipo “esporádicos”, la herencia parece aumentar riesgo de padecerla y el factor ambiental tiene creciente credibilidad porque personas de área rural resultan más afectadas lo cual se vincula con agua de pozos y exposición a plaguicidas. No hay explicación científica porque la EP es menos frecuente en fumadores y tomadores de café.
Manifestaciones cardinales: el temblor es una especie de agitación que aparece cuando el paciente está en reposo pero disminuye con alguna actividad o al dormir. En los dedos de las manos adquiere aspecto clásico de “contar monedas”.
La bradicinesia o movimientos lentos afectan la movilidad y dificulta levantarse de una silla o de la cama y lo hace caminar lento. Recuerden la canción “viejo, mi querido viejo”. Los movimientos finos se alteran. Hay rigidez muscular y alteración de los reflejos de postura o estar de pie favorecen las caídas, que junto con las infecciones son principales causas de muerte en estos pacientes.
Los síntomas empeoran con el paso del tiempo y se incrementan con estrés ambiental y personal (emociones negativas) y se produce mejoría con el sueño, la relajación o cualquier terapia que controle el estrés y la ansiedad.
Otras manifestaciones motoras son letra pequeña o micrografía, ausencia de expresión facial que se acompaña de disminución de parpadeo, dificultades para tragar, la voz es “apagada” y hay bloqueo motor que produce “congelación” por breve período cuando está caminando.
El tercer grupo de síntomas: depresión y ansiedad, trastornos del sueño, dificultades de aprendizaje, demencia, alteraciones de la presión arterial, etc.
Los médicos internistas jugamos un valioso papel en el diagnóstico temprano y tratamiento de estos pacientes que necesitan comprensión y apoyo de todo tipo. De ahí el lema de este año que alude a la necesidad de afrontar las consecuencias de una dolencia crónica y discapacitante acompañado solidariamente. Asistido. Amado y comprendido. El autor es Especialista en medicina interna
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