Gustavo Mercado Sánchez
Lo que la crisis de Ucrania nos está enseñando en el escenario geopolítico actual es que la guerra fría está lejos de ser un evento de los libros de historia.
Como decimos en Nicaragua la guerra fría está vivita y coleando.
La realidad de la confrontación Este-Oeste siempre fue la visión de una forma de gobierno democrática vs. la visión de un gobierno totalitario. El resultado de la confrontación entre estas dos maneras de gobernar fue lo que polarizó al mundo, simplemente cada abeja con su pareja, en la mayoría de los casos los gobiernos democráticos apoyaron a EE. UU. y los gobiernos totalitarios apoyaron a la URSS.
Desde que el exagente KGB Vladimir Putin tomó las riendas de Rusia, su política exterior ha sido fortalecer los lazos de amistad con gobiernos antidemocráticos en todo el mundo. Por medio de convenios militares, de cooperación, de asociación, o por cualquier otro medio el Kremlin de Putin ha forjado alianzas con líderes que comparten dos filosofías fundamentales como es el repudio a EE. UU., y el rechazo a fomentar gobiernos democráticos en sus países.
El candidato republicano a la Presidencia de EE. UU. en el 2012, Mitt Romney, en uno de los debates televisados con el presidente Obama fue acertado cuando aseguró que la mayor amenaza que tiene el día de hoy EE. UU. en política exterior es la Rusia de Putin. Obama ridiculizó a Romney recordándole que la Guerra Fría había terminado hace 25 años, sin saber que en realidad el candidato republicano tenía toda la razón.
En su respuesta a la burla del presidente Obama, Romney fue categórico al recordar que Rusia había sido el veto en contra de todas los intentos de EE. UU. y sus aliados de pasar resoluciones y sanciones a países con gobiernos totalitarios y abusadores de los derechos humanos. También le recordó al presidente Obama que Rusia, bajo Putin, ha buscado alianzas con todos los gobiernos que tienen serias diferencias con EE. UU. La amenaza en contra de los intereses de EE. UU. en el exterior es clara, dijo Romney.
Ahora, volviendo a la crisis en Ucrania, yo creo que es acertado afirmar que este problema es un resultado directo de la falta de visión del gobierno de Obama (y el de George Bush también) en no lograr identificar quién es el verdadero enemigo de EE. UU. Comenzando con el tremendo error que cometió Obama al pintar la famosa línea roja que Siria no podía cruzar con las armas químicas. En este caso Bashar al Asad, uno de los aliados del Kremlin, pasó la línea, Obama no hizo nada más que pasarle la papa caliente al Congreso, y Putin salió por el otro lado como el gran pacificador y estadista. Las consecuencias geopolíticas que tendrá esta decisión de Barack Obama ya están teniendo repercusiones y la tranquilidad con la que Putin ha hecho su gusto en Ucrania es una de ellas.
Hoy mismo en EE. UU. los analistas y el mismo pueblo estadounidense están comenzando a ver la realidad del peligro que Rusia representa para los intereses de Estados Unidos. En la revista Forbes se publicaron los primeros artículos analizando cuáles son los instrumentos con los cuales EE. UU. puede afectar negativamente a Rusia sin necesidad de la fuerza.
En una encuesta a nivel nacional por CID/Gallup publicada en Forbes magazine, el 49 por ciento de los encuestados ven a Rusia como un país “adversario” y el 60 por ciento ven desfavorable la figura de Putin. La crisis en Ucrania no ha terminado con Crimea absorbido por Rusia, y las sanciones económicas y diplomáticas de la Unión Europea y EE. UU. causan un renacimiento de las enemistades y desconfianzas de la Guerra Fría.
La historia se repite y nuevamente el mundo está encaminado a otra confrontación Este-Oeste (democracia vs. totalitarismo). Tarde o temprano todos tendremos que escoger lados. El autor es licenciado en Economía y Ciencias Políticas