Uno de los mayores avances en la conservación de los alimentos fue el invento de la conserva en lata, que no data más allá de los principios del siglo XIX y que, curiosamente, nace a causa de la necesidad del ejército de Napoleón (la Grande Armée) de contar con provisiones fácilmente acarreables.
Las primeras conservas fueron de carne guisada. Desde entonces, el hombre ha enlatado todo lo que ha podido, y hoy el mundo de la conserva presenta toda la gama de los productos comestibles: cuadrúpedos, aves, vegetales, mariscos, pescados.
Hablemos de esta última división. Tendremos que convenir en que las sardinillas en aceite son una de las conservas más populares y apreciadas. Cautivan desde que se abre la lata y se contemplan los pescaditos, descabezados y estibados con orden, con su superficie plateada matizada por el oro del aceite de oliva
Han sido más protagonistas de bocadillos cuarteleros que de canapés de salón, pero su presunta humildad no les impide dar muchísimo juego: tal cual, escurridas, con una patata cocida o unas medias lunas de cebolla, solucionan muy bien una urgencia. La verdad es que todas las latas pueden dar origen a muy interesantes elaboraciones, siempre tendente a sacar el máximo partido de lo enlatado.
Los alimentos enlatados son muy prácticos y una buena forma de almacenar productos de temporada por lo que no deben faltar en nuestra cocina y siempre nos pueden sacar de algún apuro culinario: entre los que más se consumen están el atún —en todas sus variedades— vegetales para carnes, frijoles con carne y múltiples salsas.
RECETA

Una forma magnífica de disfrutar un platillo con sardina es preparar una tempura. En Portugal y en España eran frecuentes las frituras de pescado de todo tipo, incluyendo las que envolvían el elemento que iba a freírse en una masa o pasta de freír.
Era plato de día de abstinencia, ya que lo rebozado solía ser pescado, o verduras, de modo que se preparaba y se consumía en tiempo de Cuaresma, de donde le vino su nombre japonés, tempura. La diferencia con los buñuelos y otras masas de freír es que la de la tempura es más fina.
Lo primero será preparar la pasta de freír, que se llama koromo. Hoy se vende ya harina especial para tempura, que hace innecesarias una serie de operaciones previas. Mezclen esa harina con agua muy fría, hasta conseguir una textura un poco más fluida que la de unas natillas.
Abierta la lata, escurran bien los pescaditos y enharínenlos ligeramente; sacúdanlos para eliminar la harina sobrante y rebócelas en el koromo; fríanlos en aceite de oliva bien caliente, escúrranlos sobre papel absorbente… y a disfrutar de la fusión ibero-nipona.

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