El resultado que dos años atrás quedó abierto a las críticas podría definirse hoy, solamente que Manny Pacquiao dos años más viejo y Timothy Bradley más transformado, dispuesto a pelear adentro o a distancia, a sacrificar golpeo o a soportar castigo. Los combates contra el ruso, Ruslan Provodnikov y el azteca, Juan Manuel Márquez, convirtieron a Bradley en más fiero, más gigante e inteligente: llegó a su metamorfosis del boxeo.
La cartelera inicia a las 7:00 p.m. y Bradley defenderá ante Pacquiao su título de las 147 libras de la OMB.
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Pacquiao (55-5-38KOs) lamenta haber perdido el hambre boxístico, los 300 millones ganados en toda su trayectoria, según indicó Forbes, lo hicieron más compasivo, aunque su agresividad se mantiene. Ahora que en sus últimas tres peleas gana solamente una contra Brandon Ríos (decisión), se encuentra en una tormenta de sensaciones y sentimientos encontrados sobre su futuro. El “Pacman” podría regresar y ser el hombre de los mil brazos como fue ante Oscar de la Hoya, o el ambicioso sin límites con una habilidad nata, fuerte golpeo y furia demoledora como se mostró frente a Ricky Hatton, o simplemente ponerse el disfraz que utilizó con Shame Mosley o Joshua Clottey: el filipino tiene el poder de convertirse en supremo o perder como un mortal.
Bradley (31-0-12KOs) se refugia en el pasado. “Ya le gané, y esta vez lo voy a noquear”, por momento olvida que una pelea es distinta a otra y con un fenómeno, alguien que brilló y que aunque ahora opaco, puede tener una inyección de fortaleza, y con un simple parpadeo podría solucionar la intriga. La intrincada confusión entre quien se impondrá dependerá no de la historia, sino del momento.
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