Mauricio Mendieta Herdocia
Hans Dietrich, ideólogo del socialismo del siglo 21, quien fuera uno de los tantos asesores de Hugo Chávez, dijo recientemente refiriéndose al presidente venezolano, Nicolás Maduro, que este ha sido incapaz de resolver los problemas más apremiantes por los que atraviesa la ciudadanía de ese querido país. Además de lo expresado por Dietrich, podemos decir que Maduro ha demostrado también una gran inmadurez en sus actuaciones como jefe de Estado, y una falta del más elemental de los sentidos para gobernar.
Maduro tiene además un problema serio que debería de preocuparle. Tiene una distorsión de la realidad, la cual se manifestó de forma evidente cuando dijo que Hugo Chávez se le aparecía en forma de un pajarito. Ha dicho también que se está fraguando un golpe de Estado por la oposición. No presenta a los golpistas, como si presentó en su momento Carlos Andrés Pérez a Hugo Chávez como un militar golpista, porque los golpes de Estado lo dan los militares, no los civiles. Habla de intervención cuando el país se encuentra intervenido por más de 40 mil cubanos entre civiles y militares. Esta distorsión de la realidad de Maduro, ameritaría realizar un minucioso análisis a la luz de la psiquiatría y no de la política.
Romper relaciones con Panamá fue el colmo de la inmadurez política, al señalar y declarar que Panamá estaba interviniendo en sus asuntos internos, por el hecho de que Panamá se proponía impulsar en el seno de la OEA una propuesta de diálogo nacional en Venezuela, como forma de resolver su dramático conflicto interno.
Al escucharlo hablar diario en Telesur y en el otro canal estatal venezolano, uno se pregunta a qué hora trabaja este señor, si a toda hora se encuentra delante de una cámara de televisión hablando disparates y despotricando contra la oposición. Habla de Chávez y de su revolución como si este estuviera presente, pareciendo ser más que un presidente, un vocero del gobierno y que Chávez es el que gobierna Venezuela aún después de muerto.
Estos dictadores latinoamericanos no aprenden de la historia y cometen torpemente los mismos errores del pasado. Maduro está empecinado en continuar impulsando un proyecto político fracasado como es el socialismo, aunque ahora lo llamen del siglo 21 como si fuera algo novedoso.
Los países llamados socialistas del siglo pasado, sucumbieron y colapsaron precisamente por lo ineficaz del sistema, la falta de libertad y la corrupción de sus jerarcas. Los dirigentes de estos países en general, y los soviéticos de entonces que formaban parte de la nomenclatura y de la élite del poder totalitario en particular, son actualmente grandes millonarios.
Estos sistemas represivos de gobierno de corte totalitario como el de Maduro, y que ya vivimos los nicaragüenses durante la dictadura sandinista de los años ochenta, son especialistas en producir una gran abundancia de escasez de todo, especialmente los son esenciales para el ser humano en el quehacer cotidiano de la vida.
En su demagógica retórica asegura Maduro como en el pasado, que esa carestía es resultado del acaparamiento de los productores y empresarios, ocultando de esta manera su propia incapacidad productiva y de gobernar. Se refiere a la pobreza y dice que su gobierno la está combatiendo, pero al final los únicos que dejan de ser pobres son los “iluminados” dirigentes revolucionarios.
Recientemente de forma clara y sin medias palabras, la Conferencia Episcopal Venezolana responsabilizó directamente a Maduro y a su gobierno, de la crítica situación política, social y económica de Venezuela.
El pueblo venezolano entendió que la libertad no es concedida, sino, que tiene que ser conquistada. Los que reprimen despiadadamente al pueblo que desea expresar libremente su inconformidad, están destinados tarde o temprano a desaparecer, porque con su conducta se encuentran incubando el germen de su propia autodestrucción.
El autor es médico.
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