Julio César Castillo
En Cristo Jesús somos más que vencedores. Esta es la afirmación que hace Pablo a los Romanos, y hoy la hacemos nuestra, sin embargo, para obtener ese poder que viene por la gracia de Jesucristo, debe existir en el cristiano una entrega total a su Señor. Pues seguir a Cristo conlleva negarse a sí mismo, dejarlo todo, tomar su cruz, amarlo y disponernos a hacer su voluntad.
Es necesario que como cristianos reflexionemos sobre: ¿qué está ocurriendo en nuestras vidas, en nuestra Iglesia y en nuestras comunidades? ¿Por qué si hablamos del reino de los cielos y queremos vivir una vida en Cristo, no sentimos el divino poder de su gracia? Seguramente estamos cayendo en cuatro debilidades que son fatales para cualquier seguidor de Jesús: no meditar en las Sagradas Escrituras, no procurar la unión entre nuestros hermanos, no ofrendar al Señor y desconocer el poder santificador que otorga el Espíritu Santo.
No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Necesitamos conocer y acercarnos a nuestro Dios, alimentar nuestro espíritu, fortalecernos y crecer en el caminar con Cristo, esto solo se logra leyendo y meditando en las Sagradas Escrituras. De igual manera, como cristianos verdaderamente creemos en nuestro Señor cuando nos despojamos de las diferencias que tenemos con nuestros hermanos, teniendo la voluntad de amar y perdonar, y aceptarnos tal cual somos para demostrar juntos el amor de Dios que es en Cristo Jesús.
Asimismo, ¿cómo podemos seguir a Cristo? Si no estamos dispuestos a reconocer que somos simples administradores de todos los bienes que poseemos, pues quien realmente es dueño y señor de todo es Dios. Mostrémonos, entonces, ante nuestro Señor con una actitud de agradecimiento ofreciéndole como mínimo un diez por ciento de nuestras ganancias, para contribuir con amor a la obra evangelizadora que trabaja por el rescate de las almas. Dispongámonos a dar con amor a la casa de Dios.
En nuestra Iglesia existe un divino desconocido, y es el Espíritu Santo, quien es Dios mismo en su Santo Espíritu, el cual nos fue dado por Jesucristo para que a través de su gracia y su poder, hagamos obras y milagros más grandes que las que el mismo Señor Jesús hizo en la Tierra, todo esto para demostrarnos que con su Santo Espíritu tenemos poder sobre el mundo. Pero, ¿cómo conquistar milagros y proezas? Si no le damos el lugar que se merece al divino desconocido, quien es el Espíritu Santo de Dios.
Una persona que posea estas cuatro debilidades, aunque pretenda seguir a Jesucristo, no tiene una relación personal con Él y no lo conoce. Debe pues, acercarse al libro sagrado para conocer a Dios, procurar en todo tiempo el amor y unión con el prójimo, contribuir con amor a la casa de Dios y experimentar una vida con el Espíritu Santo.
Amados hermanos en Cristo Jesús, como lo hizo en una ocasión el apóstol Pedro, ustedes podrían preguntarse: ¿qué ganamos al seguir fielmente a Jesucristo? Sin embargo, el Señor Jesús nos dice en el Evangelio de Marcos que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por Él y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más, y en la edad futura, vida eterna. Así pues, estemos gozosos porque nuestro Señor Jesucristo está vivo, dispuesto a cumplir sus promesas para todos aquellos que le siguen y le aman, es momento entonces, de estar en campaña, porque hay almas que salvar. El autor es Presidente Asociación Cristiana Jesús está Vivo.