Estribillo
Cuando critico muchas de las acciones con las cuales no estoy de acuerdo en este gobierno, siempre sale alguno que otro descalificando mi opinión con la consabida frase de “peores cosas sucedían en los gobiernos liberales”. No hay argumentos. Ningún interés en demostrar nada. Solo el estribillo, que se activa sin razonamiento, programado, como si de máquinas se tratase. Da pena.
De Goebbels
El reiterado uso de la frase, sin embargo, no es casualidad. Obedece a uno de los más oscuros principios goebbelianos: el de la simplificación en un enemigo único. De tal forma que todos los que criticamos al Gobierno, tenemos que ser, según su obtusa forma de ver el mundo, simpatizantes de los gobiernos anteriores, o somos “derecha” o, últimamente se ha puesto de moda, “fascistas”.
Borregos
Entonces, ¿cuál sería la receta para no ser “fascista”, “derecha” o “neoliberal”? Es fácil. Póngase la camiseta que uniforma a los nuevos revolucionarios. Repita a su vez, siempre que pueda, que todo lo malo que pasa en Nicaragua es consecuencia de “los 16 años de gobierno neoliberal”, estese listo siempre para participar en cualquier acto que necesite muchedumbre, aunque ni sepa de qué va el asunto, tenga miedo de lo que le pueda suceder si se sale de la línea, adule al comandante y a la compañera, y si quiere lucirse, dígale “la jefa de jefes” como lo hizo alguien recientemente buscando un cargo en el más abyecto servilismo, y hágase de la vista gorda ante la corrupción y el enriquecimiento de ellos. La derecha recalcitrante y fascista le dirá “borrego”. Parecerá borrego, pero usted no le ponga mente a eso: es un revolucionario. Créaselo.
Ciudadano
El asunto es que yo he decidido ser ciudadano y no borrego. El ejercicio de ciudadanía pasa por tener la libertad de decir lo que se piensa. De reclamar lo que se considera incorrecto. Por ver a los gobernantes como administradores, cambiables y castigables, y no como amos y señores perpetuos del país. Fíjense, no he elegido ser fascista, ni derecha ni neoliberal. Al contrario, tomo tanta distancia como puedo de ello. Y puede ser que como “borrego” se tengan algunos privilegios que no se tienen como ciudadano, pero prefiero mil veces vivir la incertidumbre del ciudadano libre que gozar de la prosperidad de los borregos.
Etiquetas
Lo que quiero decir es que, si nos estimamos un poco, dejemos de andar interpretando todo desde etiquetas prefabricadas. Es un ejercicio absolutamente embrutecedor forzar todo en etiquetas maniqueas. Valoremos a las personas, los movimientos y los gobiernos por sus acciones y no por nuestras simpatías. De tal forma que “robar” sea robar en un régimen liberal o en uno de izquierda, defendamos el derecho a la protesta ciudadana, aunque no estemos de acuerdo con ella, condenemos la represión sea de donde venga la cárcel o el garrotazo, y exijamos el cumplimiento de las leyes por igual para todos y no como un instrumento para condenar a los que están en mi contra y absolver a quienes están conmigo. Dejemos las trincheras y defendamos principios.
Cargos
Miren nomás lo que está sucediendo con la elección de los altos cargos que están vencidos. Nunca había visto tal desfile de adulaciones y silencios, tratando de hacer méritos para alcanzar en la lista. Y ahí se les ve, demostrando que no solo están dispuestos a hacer todas las cosas vergonzosas de los actuales funcionarios de facto, sino que van más allá. ¡Comandante, compañera, ordenen! ¿Hay que reelegir a Roberto Rivas? ¡Va de viaje! Mandan cartas, escriben artículos y se deshacen en adulaciones, ignorando que la lista ya está hecha y que la revisión de nombres en la Asamblea Nacional es solo una payasada para hacer creer que de ahí saldrán los electos que ya designó Daniel Ortega.
Hacer patria
En estos días pasan por un canal de televisión local una serie sobre los paramilitares de Colombia, donde uno de los máximos jefes de las llamadas autodefensas, dice que “hace patria” cada vez que masacra un pueblo, cuando extorsiona o trafica droga. “Aquí hacemos patria”, insistía efectivamente Carlos Castaño Gil, quien tanto luto y muerte sembró en Colombia. Da la casualidad que justo cuando pasan esta historia por la televisión local, aparece un Daniel Ortega en los megarrótulos, con cara de yo no fui y sosteniendo una banderita azul y blanco en su mano, con el mismo eslogan: Hacer patria. ¿Casualidad, identidad o mala asesoría?
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