Génesis Hernández Núñez
A pesar de la distancia que los separa, los vecinos de Bello Horizonte y de Residencial Las Praderas, ubicado en el kilómetro 11 de la Carretera a Masaya, tienen algo en común: el sufrimiento por la falta de agua.
Luego de hacer esta denuncia, Enacal debe mandar a realizar inspección del medidor y de la vivienda donde se presta el servicio y emitir una resolución en el plazo de quince días, sin embargo si el usuario no está conforme, luego de diez días, podrá recurrir al Instituto Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillado (INAA) , ente regulador.
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Doña Norma Silva tiene 81 años y vive en Bello Horizonte, donde desde hace más de dos años el agua ha escaseado esporádicamente, pero hace aproximadamente dos meses se va todos los días, desde las nueve de la mañana hasta las cinco o seis de la tarde, pero el recibo sigue llegando puntual y ahora hasta alterado.
“Mi recibo de febrero fue de 186 córdobas, lo que siempre he pagado, entre 180 y 200 córdobas, pero el de marzo vino de 600 córdobas y no entiendo por qué, en mi casa solo vivimos tres personas y además se va el agua todo el día, son unos bárbaros y si uno reclama, se hacen los sordos”, se quejó.
Al igual que doña Norma, el señor Reynaldo Cabezas, trabajador de una pequeña empresa de Bello Horizonte, reclama por la falta de agua porque las condiciones de higiene se han deteriorado, “aquí trabajamos veinte personas y vienen clientes, pero no hay agua ni para los inodoros porque se va todo el día y viene hasta en la noche, es un período crítico, si se va a ir, que se vaya en la noche, cuando ya no haya gente, aunque en realidad no se debería ir del todo. Ya se ha denunciado a través de la radio en reiteradas ocasiones, pero nadie ha venido, para nada”.
DISTINTO LUGAR, EL MISMO CALVARIO
En Residencial Las Praderas, más de ochenta familias están desesperadas pues el líquido apenas llega un par de horas en la madrugada y con mínima presión, lo que no permite ni siquiera llenar los tanques y recipientes para almacenar.
Gloria Tünnermann, habitante del lugar desde hace doce años, dice que “los problemas empezaron cuando el agua se iba a las nueve de la mañana y venía a las cinco, pero el año pasado empeoró todo y ya era desde las cinco de la mañana hasta las diez, once de la noche que no teníamos suministro, sin embargo cuando volvía, el chorro era fuerte y podíamos llenar los tanques, pero ahora solo llega una o dos horas en la madrugada y es un chorrito débil, tenemos dos o tres semanas de no poder llenar el tanque ni a la mitad”.
Para Tünnermann, el agravante del asunto es que “están construyendo más casas, hay un reparto al otro lado y eso nos preocupa porque el problema no es solo aquí, también en el kilómetro doce y trece (de la Carretera a Masaya) hay dificultades serias, pronto nos va a llegar día de por medio y no puede ser, aquí hay mucha gente, muchos niños”.
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