Inés Izquierdo Miller
La mayoría de las veces la causa que afecta la claridad de un texto es la falta de coherencia. Esa cualidad del párrafo es indispensable para que el engranaje de oraciones actúe con precisión y exactitud.
Escribir con coherencia significa hablar claro, lo cual se traduce en usar adecuadamente los elementos de enlace y organizar bien las ideas.
La clave para redactar un buen párrafo está en recordar que cada uno debe contener un asunto a tratar, un punto y una discusión.
El asunto a tratar es lo primero. Es una presentación compuesta de una o dos oraciones que dice de qué se trata el párrafo. Lo que sigue es el punto; un enunciado de una sola oración que comprende el comentario principal sobre el tema.
Por último se agregan varias oraciones que amplíen o defiendan aún más su punto, por medio de algún tipo de evidencia de apoyo o algo similar.
Claro que se puede variar esta estructura si inserta la oración que contiene el punto justo al final del párrafo. La mayoría de los lectores inconscientemente esperan encontrar el punto al final del asunto a tratar, por eso, únicamente debe variar la estructura del párrafo básico cuando realmente exista una buena razón.
Hay varios tipos de coherencia, entre ellas la coherencia semántica que es la relación entre las ideas que contiene el texto. También la pragmática que es la dependencia del significado del texto en relación con el contexto, manifestada en la adecuación de las ideas mediante una actuación comunicativa adecuada y por medio de los procedimientos necesarios.
Por último la coherencia formal o cohesión y la coherencia global que es la relación de las ideas en la oración o entre oraciones.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B