La anunciada próxima reunión de los obispos de la Iglesia católica con el presidente inconstitucional de Nicaragua, Daniel Ortega, ha despertado muchas expectativas en la oposición política y la sociedad civil. Lo cual es comprensible, considerando la complejidad de la problemática política del país y la falta de vías y alternativas para su solución.
Desde los tiempos del primer Arzobispo de Managua, monseñor José Antonio Lezcano, quien fuera diputado a la Asamblea Constituyente en 1912 y presidente del poder legislativo en 1915 y 1916, la Iglesia católica no se había involucrado tan directamente en los asuntos políticos del país, solo con sus oportunos pronunciamientos y cartas pastorales. En los últimos tiempos, la intervención de la Iglesia en la maraña política del país solo había sido como mediadora, para procurar la solución pacífica de los conflictos armados y la salida negociada de las crisis de gobernabilidad provocadas por la clase política del país.
En los años ochenta del siglo pasado, algunos sacerdotes católicos formaron parte del régimen sandinista, incluso en cargos ministeriales, pero a título personal, sin el consentimiento de la Iglesia y más bien con su expresa desautorización, como se los hizo saber directamente el papa Juan Pablo II durante su histórica primera visita a Nicaragua, en marzo de 1983.
Ahora la inserción de la Iglesia en la problemática política del país no es en plan de mediadora entre sujetos en conflicto, sino para discutirla directamente con el gobierno. Pero lo que quiere la Conferencia Episcopal no es sustituir a los actores políticos, que por definición son los partidos, sino cumplir el compromiso de darle a conocer directamente a Daniel Ortega el enfoque pastoral y moral de la Iglesia sobre la diversidad de problemas políticos, sociales y éticos que están afectando al país.
El cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, dijo a LA PRENSA en declaraciones publicadas el miércoles 26 de marzo, que los obispos van a exponer los temas a Ortega desde su posición de pastores, “no desde posiciones políticas”. Y lo explicó diciendo que los asuntos políticos deben verlos los políticos y los problemas económico que los vean los economistas.
El cardenal Brenes no aclaró cómo hay que entender la posición de pastores de los obispos o pastoral de la Iglesia sobre la problemática política del país. Pero de sus mismas palabras podemos deducir que no se trata de plantear soluciones concretas a problemas políticos específicos, sino hacer señalamientos y recomendaciones generales inspiradas en la doctrina religiosa y la posición moral de la Iglesia. De manera que podría esperarse que los obispos propongan a Ortega que dialogue con los partidos políticos, a fin de que busquen acuerdos para el restablecimiento de la institucionalidad del país sobre bases genuinamente democráticas.
A nuestro juicio, la propuesta de monseñor Abelardo Mata de una Constituyente para resolver la crisis de la institucionalidad democrática del país, puede entenderse como una posición pastoral. Sin embargo no es una posición pastoral proponer a determinadas personas para que ocupen altos cargos en el Estado. Eso es política partidista ordinaria. Y no creemos que deba ser ese el rol político de la Iglesia ni de los obispos en lo personal.
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