El Carnaval de Río, uno de los grandes eventos de la cultura global contemporánea, omnipresente en todos los medios, internet, redes sociales, su lujo, glamour y fantasía vienen a ser un referente para eventos similares.
Coincidente con los días de carnaval, me tocó viajar a Brasil para participar en la graduación de mi hija Diana en la carrera de Arte y Comunicación por la Universidad Federal de Vicosa, en Minas Gerais; ella presentó como tesis de graduación un vídeo documental sobre El Güegüense, valorado por el tribunal examinador con excelencia y como un aporte a la difusión del Güegüense en el ámbito de la lengua portuguesa.
No podía viajar a Río, pero tuve la oportunidad de ver la celebración del carnaval desde fuera de los reflectores, en el ámbito cotidiano. Desembarqué en Belo Horizonte, grupos familiares y de amigos se congregan en las plazas y parques a bailar al ritmo de bandas de vecinos, los atuendos sencillos, divertidos, muchos de creatividad personal, picarescos, otros con disfraces de personajes de la cultura de masas: superhéroes, Mario y Luigi Bros. Usted no espere ver allí los superlativos atuendos de plumas y fantasías asociados a las imágenes del carnaval carioca. Mucha música, alegría, y orden, se sentía un ambiente de seguridad aún en medio de la multitud, una fiesta familiar y vecinal, en la cual todos se trataban con cordialidad, y hablamos de las plazas centrales de Belo Horizonte, una metrópolis de seis millones de habitantes.
Viçosa, una ciudad de setenta mil habitantes en el interior del estado brasileño de Minas Gerais, es sede de una de las principales universidades del país, abrigada por verdes colinas, sus múltiples edificios de apartamentos para estudiantes le dan un aspecto de moderno nacimiento navideño. Presencié el desfile local del carnaval en la avenida de Santa Rita, santa patrona del lugar. No habían turistas ni estudiantes presenciando o participando en el desfile, sus protagonistas eran los habitantes de los barrios populares de la ciudad, grupos familiares alegres, en orden, sin disfraces, presenciando el desfile de las escolas de Samba de la ciudad, quienes vestían trajes tradicionales de carnaval, vistosos pero sencillos, el tema musical de la ganadora de ese año refería al África como tierra originaria, cantando a su belleza natural y a sus gentes animosas y amantes de la paz y la libertad. Y he aquí un detalle que nos habla de los grandes retos que enfrenta Brasil, casi todos los participantes en aquel carnaval popular eran afrobrasileños, tanto los danzantes como el público, pero si usted camina por las calles y negocios del centro de la ciudad ve pocos afrobrasileños, la explicación que se me dio es que esa era una noche de los barrios populares, habitados principalmente por personas de origen afro. Por otro lado, en las plazas centrales de Belo Horizonte predominaban las personas de apariencia blanca. Un detalle de que la pobreza tiene color en el gran Brasil, como acontece también en los restantes países latinoamericanos.
La noche de graduación en la Universidad fue un acto solemne e imponente, 500 graduandos, incluidos estudiantes de varios países latinoamericanos y africanos (las escuelas de ciencias agronómicas y comunicación están entre las mejores de Brasil y tiene prestigio internacional). Conté 28 graduandos de apariencia afro. Otro detalle de los retos, los requisitos de ingreso a la universidad son muy exigentes y los estudiantes provenientes de escuelas públicas tienen dificultad en clasificar. Brasil, tiene universidades que califican entre las mejores del mundo, pero los pies descalzos en la enseñanza básica. Retos para que las luces del carnaval refuljan más allá de una noche. El autor es psicólogo.
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