Guatemala/EFE
Una mañana de 2005, la abogada guatemalteca Karen Fischer salió de casa y dentro de su buzón encontró copias de varios cheques emitidos por el gobierno de Taiwán a nombre del expresidente de Guatemala (2000-2004), Alfonso Portillo, quien esta semana confesó ante una Corte en EE. UU. que fue sobornado para favorecer los intereses diplomáticos de la isla.
El 23 de junio, el juez Robert Patterson dirá cuánto tiempo pasará en prisión Portillo, después de que se declarara culpable de lavar en Estados Unidos el dinero pagado por Taiwán, según documentos del caso publicados por el departamento de Justicia.
La confesión de Portillo detalla que el gobierno de Taiwán le entregó varios cheques por un total de 2.5 millones de dólares, para que usara su influencia “para que Guatemala reconociera a Taiwán diplomáticamente”, agrega el documento.
La supuesta donación de Taiwán tendría como destino original la compra de libros para escuelas, según el informe. Los cheques fueron hechos a nombre de Portillo y no al de una institución como es común, según investigación de un medio local.
RUTA A PRISIÓN INICIÓ EN 2005
El camino de Portillo a la prisión en EE. UU. comenzó cuando Fischer se encontró con las copias de los cheques, según su relato. “Cuando vi lo que había en mi buzón, me fui de espaldas”, recuerda en una entrevista esta semana.
Fisher, fiscal Anticorrupción de Guatemala en una parte del mandato de Portillo, hasta que en 2003 renunció, afirma que desconoce la identidad de la persona que dejó las pruebas en su buzón. Su salida, señala, fue por la coacción del fiscal general Carlos de León, para cerrar una investigación por malversación de fondos de la cúpula del gobierno de Portillo.
Tras comprobar la veracidad de los cheques, Fischer denunció a Portillo, quien vivía en México. En 2008, Portillo fue extraditado a Guatemala y en 2011 un juzgado lo declaró inocente. Fischer trasladó la información a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig).
Portillo fue capturado en 2012 y un año después vivió una segunda extradición, esta vez a EE. UU., donde se le perseguía por lavado de dinero, gracias a la investigación de la Cicig.
Según su confesión, Portillo intentó lavar la procedencia de la supuesta donación de Taiwán depositándola en EE. UU., y después en cuentas en Europa a nombre de su primera esposa (quien se suicidó en 2010) y su primera hija. La Fiscalía estadounidense aceptó la confesión de Portillo y, según la información judicial, la condena sugerida es de entre 46 y 71 meses, además de la devolución del dinero.
Aunque la pena sugerida le parece “muy baja”, Fischer reconoce que lo acontecido esta semana le trae “mucha satisfacción, porque es la primera vez en la historia de Guatemala que un presidente reconoce su culpabilidad”.
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