“Ellos murieron por la madre tierra, por el zar y por Dios”. Es una de tantas placas conmemorativas en las afueras de Sebastopol. Un cuarto de millón de soldados rusos, marinos y civiles, costó la defensa de esa ciudad en la guerra de Crimea (1853-1855).Para entender la magnitud del conflicto, anoto aquí al historiador británico Orlando Figes en su bello libro “La Guerra de Crimea”: “Fue sin lugar a dudas el primer ejemplo de una guerra moderna, se peleó con nueva tecnología industrial, rifles modernos, barcos de vapor, y trenes, nuevas formas de comunicación y de logística como el telégrafo, importantes innovaciones en medicina militar, reporteros y fotógrafos directamente en la escena”. Algo muy similar a lo ocurrido en la “Guerra de Secesión” de los Estados Unidos, una verdadera barbarie que el mundo de hoy ha olvidado.
Rusia conquistó Crimea expulsando a los tártaros en los siglos XVIII y XIX, anexándose la península en 1783. Muchas ciudades fueron construidas por Catalina la Grande, en las costas del Mar Negro tales como: Ekaterinoslav, Jerson, Nicolaev y Odessa. Pero hay un hecho más profundo todavía para entender lo que Crimea significa para el alma rusa; para ellos Crimea siempre ha sido “un lugar sagrado”, fue en Kersonesos, antigua colonia griega a las afueras del actual Sebastopol, que Vladimir, el gran príncipe de Kiev, fue bautizado en 988 trayendo el cristianismo a todas las rusias.
Para entender lo que está pasando en este conflicto, se tiene que conocer la historia. Ella nos aclarará por qué nueve de cada diez rusos, según las encuestas, respaldan la política del Kremlim sobre Crimea, lo que coloca al presidente ruso Vladimir Putin con un respaldo sin precedentes. Eso explica también la posición de Mijail Gorvachov, cuando declara: “Si en los tiempos soviéticos se entregó Crimea a Ucrania sin preguntar” la opinión de los habitantes de la península, “ahora es el pueblo el que ha decidido corregir ese error”. “Esto es algo que habría que aplaudir y no imponer sanciones por ello”.
Para defender la anexión se recurre a dos ejemplos recientes: Bosnia y Kosovo, casos de autodeterminación bendecidos por la comunidad internacional. ¿Cómo negarle ahora a Crimea un derecho que ayer se proclamó? Pero como muy bien dice Andrea Rizzi (periodista de El País, de España) “la operación militar serbia en Kosovo, que la mayoría de los historiadores no duda en calificar de limpieza étnica, representa una clara diferencia, ya que la población rusa en Crimea no ha sufrido ninguna agresión por parte de la autoridad central. Occidente sostiene que esa violencia justificó la excepción al principio de integridad territorial”.
La maniobra de la anexión es de un corte imperial indiscutible, en la misma línea de lo ocurrido en Osetia del Sur y Abjasia en el 2008, quizás inspirada en la política del ídolo de Putin, el zar Nicolás I, que tanta sangre le ocasionó a Rusia (la mayoría de historiadores lo señalan como el principal responsable de la Guerra de Crimea). Movilizar tropas (30,000) ocupando el territorio de la península que se supone ha de pronunciarse libremente, hacer desaparecer a los activistas pro ucranio, censurar los medios, amenazar, son actos de prepotencia y de imperio.
Hasta aquí los hechos, ahora démosle espacio a la especulación. ¿Hacia dónde va el presidente Putin? ¿Donetsk, Járkov y otras zonas del este de Ucrania, serán sus próximos objetivos? Estamos presenciando la historia que ya conocemos. Sarajevo; la anexión de Austria (1938), la anexión de los Sudetes por Hitler (10 de octubre de 1938). Después, la guerra. ¿Vuelve el fantasma de muerte a Europa?
Si se acepta la tesis rusa, el mapa de Europa y de muchos países, desaparece. Cataluña, Quebec, Escocia, y los Países Vascos, son casos que pueden parecer similares. El problema del caso de Crimea es que, aunque Rusia tiene bases históricas y argumentos a favor de su seguridad, el procedimiento empleado es ilegal e ilegítimo, desestabiliza a toda una región, tensa las relaciones con Europa y Estados Unidos y nos vuelve al escenario de la guerra fría. ¿Estará el presidente Putin dispuesto a jugar a todo esto? El autor es abogado.
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