Varias compañías propusieron en el salón tecnológico Cebit de Hanóver (norte de Alemania) alternativas a las contraseñas para identificarse en teléfonos y ordenadores, consideradas como demasiado numerosas, muy complicadas y poco seguras.
“Las contraseñas no funcionan actualmente en la vida real. Su tiempo está contado”, profetizó el director de la empresa británica Winfrasoft, Steven Hope. El Reino Unido fue el país invitado en esta edición del Cebit, que terminó el viernes.
“Cada persona cuenta con 20, 30 o 60 contraseñas, todas diferentes. Nadie las recuerda”, añadió Hope, para quien estas consignas a menudo se piratean.
LAS MÁS COMUNES
Asimismo, los usuarios muestran poca imaginación, como en Alemania donde “passwort” y “123456” son las contraseñas más utilizadas, recordó el portavoz del salón, Hartwig von Sass. Para solucionar el problema, Winfrasoft propone una aplicación con el diseño de un cuadrante de cuatro colores con nueve casillas por color, parecido a un Sudoku.
El usuario registra un dibujo en el cuadrante a partir de seis casillas, que después debe recordar. Por ejemplo, escoge las tres casillas superiores del área roja, dos del centro del área azul y la inferior derecha del área amarilla.
Para desbloquear el teléfono, marca los números que aparecen en la pantalla y que se corresponden con las casillas seleccionadas previamente. La seguridad de este sistema reside en que los números cambian cada minuto.
“No hay ningún medio de que alguien vea qué cifras estás viendo” en el cuadrante y adivinar, por tanto, el dibujo, explicó Hope, para quien miles de millones de combinaciones son posibles.
SIN ALTERNATIVA TOTAL
Mientras que las revelaciones sobre las escuchas de la agencia estadounidense de seguridad NSA pusieron en evidencia más que nunca la seguridad de los datos informáticos, la autentificación biométrica se convierte en un mercado prometedor.
Apple ha equipado ya su última generación de iPhone de un lector con huella digital, para aumentar la seguridad del teléfono inteligente. Sin embargo, un grupo de “hackers” (piratas informáticos) europeos, el Chaos Computer Club con base en Alemania, mostró que este sistema también podía piratearse con una falsa huella de látex.
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