Róger G. Fisher
Soy nicaragüense, a mis 57 años he estado la mayor parte de mi vida alejado geográficamente de mi Patria, pero nunca ha estado lejos de mi alma, mi vida adulta y productiva se ha dividido en diferentes países, debido a las circunstancias y oportunidades que se me han presentado.
Partí de Nicaragua en el fragor de una guerra civil, cuando estudiantes, líderes políticos, empresarios y pueblo en general, valientemente decidieron ponerle fin a una dinastía familiar de corte dictatorial que gobernó mi querido país, Nicaragua, por más de cuarenta años. Aunque nunca participé activamente en este proceso, mi simpatía por quienes lo protagonizaron fue obvia y solidaria. Estábamos cansados de tantos atropellos, de los abusos, de las manipulaciones constitucionales, del monopolio y la competencia desleal, de que un partido político dominara todos los escenarios y poderes, que la Policía, el Ejército, los magistrados, los tribunales estuvieran sometidos y comprometidos con la dictadura. La corrupción era a todo nivel y junto con el clientelismo político hacían perder los valores y la moral. Esta guerra se ganó gracias al espíritu combativo de todo un pueblo quien sin la solidaridad de los pueblos hermanos de Latinoamérica y aun Estado Unidos, que nunca voltearon la vista ante la barbarie y el sufrimiento de una Nicaragua aguerrida, el proceso de liberación hubiera sido muy demorado y/o quizás nunca hubiera podido llegar. Al final llegó y nos equivocamos nuevamente, desafortunadamente fuimos sometidos a una dictadura de izquierda, totalitaria, injusta, corrupta y dependiente, floreció la guerra y otra vez vino la paz y la democracia, democracia que hoy tristemente está siendo sujeta a peores manipulaciones y abusos que la dinastía somocista.
La triste situación que hoy vive el pueblo venezolano es un paradigma de aquellos años de sufrimiento a que también fue sometido el pueblo de Nicaragua. La opinión mundial fue muy bien informada a través de los medios de comunicación y las cruentas luchas que eran nuestro diario escenario estuvieron muy bien documentadas en el exterior, televidentes en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, observaban desde sus hogares la barbarie del régimen. La Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó una resolución condenando la dictadura y solicitó su reemplazo inmediato y definitivo, como también un plan de pacificación, con un gobierno representativo de oposición donde se garantizaran los derechos humanos para todos los nicaragüenses y elecciones libres, era la primera vez que la OEA condenaba a este régimen. Aunque en Venezuela existe un paralelo, ciertamente que también muchas diferencias, el pueblo en Nicaragua estaba armado y fuertemente financiado por grupos y países comprometidos con la izquierda de la época, el pueblo venezolano es un pueblo desarmado y sostiene la no violencia como única vía de liberación.
Este régimen de corte dictatorial en Venezuela ha impuesto una censura severa en los medios de comunicación y la realidad del escenario político, social y económico es completamente manipulada y desvirtuada por el gobierno, son ellos quienes deciden quién informa o en mejor descripción quién “desinforma”.
El pueblo está siendo atacado sin misericordia, por un gobierno que acusa a estudiantes y políticos indefensos de fascistas, de derecha radical, de grupos terroristas, de sicarios y de un sinnúmero de calificativos que más bien al palpar la realidad son espejos de ellos mismos. La izquierda internacional ya hubiera tomado acción de haber sido el gobierno madurista de derecha, ya hubiera organizado a los organismos internacionales a proclamar resoluciones, ya hubieran hecho conciencia y eco en todos los gobiernos del mundo, aun en los llamados de derecha. Y estoy seguro que ante la realidad, el abuso, la manipulación de los poderes, el enriquecimiento desmesurado, la corrupción, la inseguridad, la escasez, el atropello a los derechos civiles, la inflación, el hambre y el terror, este gobierno ya estuviera en la cuerda floja desde la óptica internacional. Gobiernos de Latinoamérica y resto del mundo, no sigan haciéndose los de la vista gorda y si van a sancionar únicamente a gobiernos de derecha por sus características de poder absoluto, al extremo de aislarlos como en el caso de Honduras, no continúen haciendo diferencias conceptuales entre dictaduras a conveniencia y por intereses políticos y económicos. Si lo de Venezuela no es dictadura, la tierra en la que habitamos es cuadrada.
El autor es Gerente General, Soluciones Textiles Internacionales.
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