EFE
Bella, sensual y con el movimiento de caderas más famoso del mundo, la cantante colombiana Shakira no solo es uno de los iconos más reconocidos en el panorama musical, sino también una mujer comprometida y solidaria que trabaja para construir un mundo más luminoso.
No se trata únicamente de vender más de cuarenta millones de discos, o de conquistar nueve Premios Grammy, o de reventar estadios en conciertos multitudinarios. Shakira, además, pertenece por derecho propio a ese club de grandes artistas que ponen su imagen a disposición de objetivos más nobles y elevados.
Puede que jamás se lance al ruedo político, pero, de un tiempo a esta parte, Shakira ha sido recibida en audiencia por los presidentes y primeros ministros más poderosos e influyentes, una élite a la que solo unos pocos privilegiados tienen acceso, pertenezcan o no a ese círculo restringido.
Con cinco escuelas y más de 5,000 mil niños atendidos, Pies Descalzos se ha convertido en la fuente de mayores satisfacciones para Shakira, que también detenta la condición de embajadora mundial de Unicef y de 1Goal, una campaña para mejorar la educación infantil promovida por la FIFA y la reina Rania, de Jordania.
Pero que nadie se lleve a engaño. Shakira no es una filántropa metida a cantante, sino una cantante de espíritu filantrópico. Tan loable como necesaria, esa tarea social no habría alcanzado tamaña envergadura de no ser por la repercusión de quien porta el mensaje.
“Shakira es un ejemplo a seguir y una inspiración para todos”, proclamó en el 2010 el director general de la OIT, Juan Somavia. “Ayudar a un niño es ayudarlo no solo a él, sino a su familia, a la sociedad en su conjunto y al mundo en general; debemos invertir en la educación de los niños para lograr un futuro mejor”.