Desarrollo económico
El desarrollo económico es la tarea más importante que tiene ante sí la humanidad. El mejor método que se ha descubierto hasta ahora para producir y distribuir con eficiencia los bienes y servicios es un mercado que funcione en un régimen de libre competencia.
La competencia interna y externa ofrece los incentivos que dan rienda suelta al espíritu de empresa y al progreso. Sin embargo, el mercado no puede funcionar en un vacío y necesita un marco jurídico y normativo que solo el Estado puede establecer. Además, en otras muchas tareas los mercados resultan a veces deficientes o fallan por completo.
Esa es la razón de que los gobiernos deban, por ejemplo, invertir en infraestructura y prestar servicios básicos a la población pobre. Paulatinamente, se llega a un acuerdo general favorable a un concepto de desarrollo que armonice con el mercado.
Si el mercado puede funcionar bien y se permite que lo haga, es posible obtener una considerable ventaja económica. Si el mercado no funciona bien y el Gobierno interviene con cautela y acierto para corregir la situación, se obtiene un nuevo beneficio. Cuando el mercado y el Gobierno han trabajado al unísono, los resultados han sido espectaculares, pero cuando lo han hecho en pugna han sido desastrosos.
El reto que plantea el desarrollo es el de mejorar la calidad de vida; especialmente en países empobrecidos como Nicaragua, debido a la horrorosa deuda externa heredada de los sandinistas de US$12,500 millones.
La mejora de la calidad de vida suele requerir ingresos mayores, pero también significa muchas otras cosas. Comprende una educación mejor, un mayor nivel de salud y nutrición, menos pobreza, un medioambiente más puro, más igualdad de oportunidades, mayor libertad personal y una vida cultural más fructífera.
En otra época se creyó que el clima, la cultura y los recursos naturales eran los elementos fundamentales del desarrollo económico.
La inversión en recursos humanos, si se hace correctamente, sienta las bases más para un desarrollo duradero. Al definir y proteger los derechos de propiedad, establecer eficaces sistemas jurídicos, judiciales y normativos, mejorar la eficiencia de la administración pública reduciendo la burocracia y proteger el medioambiente, el Estado sienta las bases del desarrollo económico.
Lo que impulsa el desarrollo económico es una productividad creciente. El progreso tecnológico impulsa la productividad. La tecnología se difunde por medio de inversiones en capital humano y a través del libre comercio. Cuando las corrientes internacionales actúan con rapidez se ha acelerado el ritmo del desarrollo económico. La política macroeconómica tiene que lograr que los déficit públicos sean bajos y la inflación se mantenga controlada. Es esencial instituir incentivos a la producción, al ahorro y la inversión, que sean adecuados y se basen en el mercado de libre competencia.
Leonel A. Marín McEwan
Los lisiados de guerra
Algunos dirigentes políticos y sindicales cuestionan las miserables pensiones a los lisiados de guerra, argumentando que la guerra terminó hace 24 años y que el programa para Víctimas de Guerra le cuesta al INSS (lo que no es cierto), y debe terminar. Los lisiados de guerra quedaron mutilados total o parcialmente para el resto de sus vidas. Los combatientes demócratas fueron llamados “paladines de la libertad”, pero algunos los miran hoy como carga social. Me refiero a políticos que ahora gozan o esperan gozar de las mieles del poder y las ventajas que proporcionan los apetecidos y jugosamente remunerados cargos gubernamentales, gracias al sacrificio de estos combatientes demócratas.
Por estos lisiados de ambos bandos, muchos dirigentes de izquierda y derecha ostentaron u ostentan cargos con megasalarios que nunca hubieran tenido y se regodean impunemente con megapensiones que están fuera de la ley. Las pensiones a lisiados de guerra no perjudican al cotizante porque es el sector privado que aportaba el 16 por ciento al INSS hasta diciembre del 2013, hoy es el 17 por ciento y de este 1.5 por ciento se destina al sector víctimas de guerra a través del INSS. Queda el 15.5 por ciento para la vejez, riesgo laboral, beneficiarios, maternidad, y fallecimiento. El empleado aportaba 0.25 centavos de cada 100 córdobas de su cuota de 6.25 por ciento al INSS, el Estado no aporta. Los jubilados reclaman se separe a los lisiados, el INSS pierde el superávit generado por este 1.5 por ciento, que pasa a las reservas técnicas del INSS y que le genera utilidades que dan viabilidad financiera a la institución. El presidente Daniel Ortega eliminó el decreto que obligaba al empleado a pagar el 0.25 centavos para las víctimas de guerra con la Ley 830, artículo 38, publicada en La Gaceta del 13 de febrero del 2013. Si este artículo de la Ley no se aplica, ese es un problema de reclamo sindical, no del sector lisiado.
La Ley que se deroga, es mejor que la actual, pues la Ley 830 perjudica a las Víctimas de Guerra al omitir varios beneficios, como: ser sujetos del Sistema Financiero (por no poder vender su tierra y por tanto hipotecar tampoco). La Ley 830 no retoma el contenido de la Ley 98: las exoneración total de servicios policiales, migratorios, licencias de conducir, certificaciones del Registro Civil, entrada gratis a estadios, cines estatales y/o privados, centros culturales, gratuidad del transporte, tierras, cinco por ciento de becas nacionales y extranjeras. Tampoco considera los derechos establecidos en la Ley 119 de seguridad social, y sus reglamentos y resoluciones del INSS, sobre otorgamientos de créditos sociales sin intereses, examen de optometría y lentes, etc.
Los argumentos de que siguen incluyendo víctimas de guerra no toman en cuenta que también hay más empresas aportando. Que después de muertos se sigue cobrando tampoco es verdadero, ya que el trámite es personal y cada año el beneficiado actualiza trámite de sobrevivencia al INSS. Si se extiende un poder legal, y el pensionado de guerra fallece, el que siga cobrando incurre en estafa al INSS y se le aplica una sanción económica o penal.
José Ramón Ramos
Cardenal Brenes a Matagalpa
Este domingo 9 de marzo del corriente, en horas de la mañana, llegará a la ciudad de Matagalpa el cardenal Leopoldo José Brenes Solórzano. El pueblo católico del norte de Nicaragua lo espera con especial alegría, para darle a este siervo de Dios la bienvenida que merece como excelente pastor, quien dejó muy gratos recuerdos en Matagalpa con sus magníficas obras al servicio de los más pobres y necesitados durante fue obispo de la diócesis matagalpina.
¡Bienvenido a Matagalpa cardenal Leopoldo José!
Salvador Pérez González, periodista de Matagalpa.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A