Amalia Morales
Vienen pocos pasajeros. No se bajan más de 15 en la panga que arrima en el muelle de San Carlos, procedente de San Juan del Norte. Todavía es febrero y es uno de los últimos viajes de este transporte que demora seis horas en remontar los casi 200 kilómetros de río que hay entre San Carlos y San Juan de Nicaragua, el último poblado del país en esa zona.
El otro transporte, el bote, se demora el doble, cerca de 12 horas. En estas primeras semanas de marzo, ese bote que tarda “mediodía” es la única posibilidad de traslado para los sanjuaneños.
Transportistas consultados explican que este año la parte más cruel del verano se adelantó en el río.
“Se secó antes”, dice Elías Picado, un panguero que a comienzos de febrero trajo a 13 pasajeros hasta San Carlos.
“El invierno no llenó como tiene que llenar”, agrega y aclara que normalmente estos pegones comenzaban a finales de marzo o en abril.
“No le cayó agua al lago y por eso no subió el caudal del río”, dice el exguerrillero Edén Pastora, delegado del Gobierno para el dragado en el río San Juan.
En El Castillo algunos pobladores creen que Pastora está buscando un tesoro de piratas enterrado en alguna parte del río. El exguerrillero se ríe con la anécdota, “siempre salen con alguna cosa” y agrega que en varias ocasiones ha anunciado que llegarán cinco y diez dragas al río, confiesa que actualmente están funcionando tres dragas. Sin embargo, volvió a anunciar que habrán no solo 10 sino 15 dragas a lo largo del río.
Según Pastora, se ha recuperado gran parte de la navegación que se había perdido a la altura del delta, donde está el tapón porque gran parte del caudal se iba hacia el Colorado. De las cinco dragas que deberían estar operando, Pastora dice que una de ellas está en reparación. “Todo aparato que tiene tuercas y tornillos se descompone y se vuelve a descomponer”, dice Pastora quien insiste en que las aguas se han recuperado en un “30 y 40 por ciento”… estamos trabajando con un reducido presupuesto”.
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El verano sobre el río se deja sentir sobre todo en los raudales.
Delman Taisigüe, panguero, explica que después de tres horas de viaje, luego que se pasa El Castillo comienzan los pegones para el transporte acuático.
En los raudales de El Castillo y Machuca, más abajo, los botes y pangas vacilan, se pegan. “Hay mucha piedra”, resumen los pangueros.
El año anterior la sequía provocó estragos en el río. No solo se redujo el transporte a la zona, porque las pangas se guardaron hasta que subió el caudal, sino que hubo un par de accidentes en el choque con las piedras. A mediados de abril del año anterior uno de los botes estuvo a punto de voltearse a 20 minutos de El Castillo, y dos semanas más tarde, a finales de abril, un bote se quebró y se volteó, llevaba más de 100 pasajeros, pero no hubo lesionados, solo el susto. Algunos pasajeros comentaron en esa ocasión que el problema fue la sobrecarga del bote.
¿DRAGADO FUNCIONA?
Esta vez los pangueros que recorren todo el San Juan parecen de acuerdo en algo: no hay más pegones en la zona donde se está dragando. A pesar de las críticas que ha habido a la lentitud de la obra, los transportistas que circulan por el río dicen que después del delta no hay pegones.
“Antes, por donde está ese dragado se varaban las pangas y ya no pasaban. Había unos bancos de arena muy secos y había que esperar hasta el siguiente día. Ahora afecta menos”, explica Picado, sin embargo, el panguero cree que el dragado podría estar “chupando” parte del caudal que corre río arriba.
“En esa parte hay como 60 metros de desnivel”, explica Picado y asegura que eso ha sido medido con GPS (siglas en inglés del Sistema de Posicionamiento Global).
La sequía es tal en el río —según los transportistas— que el banco de arena que se ha formado en el delta ha crecido y se ven más lagartos echados, asoleándose, en esta época.
COMIDA SIEMPRE BAJA
Picado explica que aunque las pangas se guardan en esta época, eso no repercute en el costo del pasaje, pero tampoco en los costos de los productos que llevan hasta San Juan de Nicaragua.
Los botes con carga siempre bajan, aseguran, solo que se llevan más tiempo en llegar por la misma sequía.
LA PRENSA intentó contactar al alcalde de San Juan de Nicaragua, Misael Morales, para consultarle al respecto, sin embargo, no contestó el teléfono.
Delman Taisigüe dice que en esta época en que las pangas rápidas también se ocupan para hacer algunos viajes a El Castillo, que está a unos 80 kilómetros de San Carlos.
En ese trayecto, aunque no hay raudales que representen un atasco, en las márgenes, donde sobresalen las raíces de los árboles, se nota cómo ha bajado el agua en esta época.
Pastora recuerda que la trocha costarricense abonó a la sedimentación del río, pero también cree que este verano será duro para el río. “Ayer lo recorrí y pude ver la resequedad que hay sobre todo en los raudales del río”, dijo Pastora.


