La semana pasada el Diálogo Interamericano y senadores y congresistas en Washington organizaron un evento sobre las relaciones Estados Unidos, México y Centroamérica en materia económica, migratoria y de seguridad. Fui invitado para abordar los cambios políticos recientes en la región, las perspectivas económicas, desafíos, relaciones con Estados Unidos y el acuerdo Transpacífico. El liderazgo político de Centroamérica hoy es tan heterogéneo como pocas veces como resultado de elecciones recientes o por finalizar. Dos gobiernos de derecha (Honduras y Panamá), uno de centro derecha (Guatemala), otro potencialmente de centro izquierda (Costa Rica), y dos de izquierda (Nicaragua y El Salvador).
No obstante, es poco probable que este prisma vaya a cambiar las tendencias económicas de Centroamérica. Las economías están creciendo cerca o a su potencial y lo continuarán haciendo, con excepción de El Salvador. Allí las bajas tasas de crecimiento son resultado de pérdidas de competitividad y ritmo de inversión, en parte por la polarización entre gobierno y sector privado, y donde a pesar de llamados a invertir de Sánchez Cerén, es difícil que algo cambie.
El crecimiento sostenido independiente de las corrientes políticas se da por factores estructurales que mueven nuestras economías —si no se cometen errores de sobreextenderse macroeconómicamente o tener distorsionadas políticas cambiarias—, tales como disciplina monetaria y fiscal, apertura y acuerdos de libre comercio, y la profundización de la integración regional, que han dinamizado el comercio y la inversión. Las remesas, otro eje del crecimiento, tienden a crecer paradójicamente, pues las migraciones continuarán ascendiendo, a pesar de las cifras macroeconómicas, mientras persista la inmensa brecha de ingresos y oportunidades de empleo que tienen países como EE.UU. o Costa Rica con respecto al resto de países.
Nuestros desafíos como región por tanto son empleos de calidad, reducción de desigualdades, eliminación del rezago social y la pobreza —que no ha cambiado mucho a pesar del crecimiento de los últimos años— pero para todo ello necesitaríamos crecer mucho más. Esto se logra con más productividad e inversión, incluida infraestructura, e inversión en capital humano especialmente. La pregunta es cómo lograr eso. El clima de inversión es central, pero también se requieren factores internos y externos consecuentes. Una carga tributaria acorde, Guatemala apenas contribuye con 11 por ciento del Producto Interno Bruto y Nicaragua el más alto con 15 por ciento, y se requieren más recursos externos especialmente del socio estratégico más importante de la región, los Estados Unidos. Las bases de un nuevo entendimiento con este último pueden ser sobre los problemas que les preocupan, la migración de centroamericanos, la creciente inseguridad, y la presencia del crimen organizado y las drogas en la región. Descomposición que es producto de la naturaleza desigual de nuestro crecimiento y falta de oportunidades.
El escenario político de Centroamérica, no obstante probablemente no sea tan propicio para una relación fluida con Estados Unidos, aún cuando sea beneficiosa, a menos que se hagan esfuerzos de involucramiento deliberado por ambos lados. Por otro lado, independiente de si se dan las condiciones internas en Estados Unidos, como para volcar mayor atención a la región —en buena medida bastante olvidada en los últimos tiempos por otras prioridades más críticas— tenemos que buscar iniciativas que den un golpe de timón en Centroamérica.
Profundizar la integración regional en el marco del acuerdo con la Unión Europea, construir un Canal con balance ambiental y transparencia con China en cooperación con Estados Unidos y Europa, ampliar acuerdos de libre comercio, incluido participar del acuerdo Transpacífico —que no goza de apoyo por el momento— son parte de los elementos que pueden traernos mayor competencia, y mejorar las oportunidades de la región. Esto debe de ir acompañado de una agenda social agresiva enfocada en la reducción de la pobreza y la desigualdad. Para algo así requerimos visión, liderazgo y sentido común. El autor es doctor en Economía.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A