La distinción de “mejor lanzador del país” requiere una actualización constante.
Y aunque es un título simbólico, confiere al portador un timbre de orgullo y se le reconoce su ubicación por delante en su generación.
Uno de los más duraderos sosteniendo ese honor fue Porfirio Altamirano en los años setenta. En los ochenta vimos a Adolfo Álvarez, Julio Moya y Diego Raudez.
En los noventa dominaron Barney Baltodano, Epifanio Pérez y Joaquín Avendaño, mientras en la década siguiente, emergían Julio Raudez y Diego Sandino.
También vimos desfilar a Álvaro López, Carlos Estrella y otros tiradores de breve permanencia en el plano estelar. Pero uno que se resiste a quitarse es Julio Raudez.
Raudez alcanzó su triunfo 146 en Primera División este domingo y se ha situado en línea directa hacia el club de ganadores de 150 juegos.
Pero su meta son las 169 victorias que acumuló Asdrudes Flores, zurdo de rectas lentas y pensamientos veloces, que resultó durable.
Julio no es un chavalo. En junio próximo llegará a 38 años. Y considerando que le separan 23 triunfos de Flores, estamos hablando que en 2015 debería tumbarlo.
Raudez ganó 14 juegos el año pasado y ha tenido promedio de 13 en los pasados cuatro años, así que si sigue así, quedará en posición de establecer una nueva marca.
No olvide que a Raudez lo firmaron, y en cinco años en las Menores ganó 27 juegos. De haber seguido aquí, quizá ya tendría el nuevo registro.
Sin embargo, haber firmado pudo hacerlo mejor lanzador y los hábitos que cultivó en las Menores, quizá sean los que lo sostienen en este momento de su carrera.
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