Por qué perdió Rafael Correa

Carlos Alberto Montaner  


Volvió a suceder. La derrota del presidente ecuatoriano Rafael Correa en las elecciones municipales del 23 de febrero no es un caso aislado. Es posible que el socialismo del siglo XXI, sus vecinos ideológicos, y el circuito del Alba estén de capa caída.

Hay una cierta fatiga con el lenguaje tontiloco del chavismo. El péndulo se mueve en la otra dirección. El espectáculo venezolano, con los sangrientos atropellos de Maduro contra estudiantes desarmados, es demasiado repugnante.

Antes le sucedió a Cristina Fernández en Argentina, a Manuel Zelaya en Honduras (quien sacrificó a su mujer  Xiomara Castro en las elecciones), a José María Villalta en Costa Rica, a López Obrador en México y a Aníbal Carrillo en Paraguay. Ese polvoriento discurso estatista, hecho de quejas y confrontaciones, ya no suele convencer, aunque todavía conserva su atractivo en algunos parajes indiferentes ante la experiencia.

Son síntomas típicos de las sociedades con tendencias autodestructivas que practican alegremente la extraña costumbre de hacerse el harakiri. Es muy probable, por ejemplo, que una variante extrema del chavismo triunfe en El Salvador, donde el comunista Salvador Sánchez Cerén, exguerrillero de línea dura, encabeza las encuestas para los comicios del próximo 9 de marzo, lo que augura una época de conflictos, turbulencias y retroceso económico en el país más pequeño de América Latina.

En todo caso, Correa, el gobernante que más tiempo ha ocupado la casa presidencial de manera continuada en la historia de Ecuador, y el que más ha hecho crecer el gasto público aprovechándose de la bonanza petrolera, perdió nueve de las diez ciudades más pobladas del país y la mayor parte de las prefecturas, como allá se les llama a las provincias. Entre las ciudades están Quito, la capital; Guayaquil, el corazón económico; y Cuenca, la tercera gran urbe del país. Eso es un mazazo electoral.

¿Por qué Correa perdió esas elecciones, al margen de la tendencia latinoamericana actual a desplazar al chavismo de las casas de gobierno? Casi todo el mundo le reconoce que ha hecho infraestructuras importantes, que se ha esforzado por mejorar la educación, y que ha tenido el coraje de enfrentarse al sindicato de maestros, a los ambientalistas y a los indigenistas cuando le ha tocado defender el interés general de los ecuatorianos. Eso no lo discuten.

El problema es su carácter autoritario, su incapacidad para encajar las críticas, su trato áspero con quienes le contradicen, incluida una joven periodista que le hizo una pregunta incómoda en una rueda de prensa y la humilló públicamente llamándola “gordita horrorosa”. ¿Qué manera es esa de tratar a una dama?

Correa debe tener unos niveles estratosféricos de cortisol, la hormona del berrinche, del mal genio. (¿Por qué no le examinan las suprarrenales a ese hombre? A lo mejor es una cuestión sencilla de botica). Como Salvador Dalí, quien todos los días se levantaba muy feliz de ser Salvador Dalí, Rafael Correa amanece tremendamente satisfecho de ser quién es, y no puede admitir que un caricaturista le gaste una broma o un articulista, con razón o sin ella, lo critique.

En lugar de comportarse como un servidor público, seleccionado para cumplir y hacer cumplir las leyes, como corresponde a un ordenamiento republicano, Correa se jacta públicamente de desobedecer las reglas del Consejo Electoral y del Parlamento, porque le parecen “obsoletas”. ¿Por qué el ciudadano de a pie tiene que someterse a las leyes y el presidente está exento de esa obligación?Ya Correa explicó que, como había sido elegido presidente, era, al mismo tiempo, el jefe del poder judicial y del legislativo, de toda la nación. O sea, el déspota ilustrado, dueño de las instituciones, el tirano benévolo de la razón y el orden, que imponía su buen juicio en beneficio del pueblo, como aquellos monarcas del antiguo régimen felizmente desplazados por la democracia liberal tras las revoluciones del siglo XIX.

Correa terminará su mandato en el 2017. Si no rectifica acabará siendo tremendamente impopular. Ya se le ve la oreja al lobo. Sería una pena. ©FIRMAS PRESS.

El autor es periodista y escritor. Su último libro es la novela Otra vez adiós. ©FIRMAS PRESS.

COMENTARIOS

  1. Hace 13 años

    Coincido con el escritor del articulo en todas y ca da una de sus asertaciones con respect a la personalidad de Correa, su gobierno, sus desplantes, su incondedracion hacia el pensamiento y palabras de otros, pero en loque no puedo coincider con el, es en lo que establece como cierre de su articulo, y que es lo referente a la re-eleccion de Correa como Presidente. Y aunque eel dijo en el pasado de que no iba a buscar otra re-eleccion, sabemos de antemano, que la teoria y practica de estos

  2. Gilberto S. Urrutia
    Hace 13 años

    A la presentación de Montaner,aunque bien escrita,se le detecta entre líneas una solapada admiración por uno de los dictadores más autócratas de América Latina. Correa, narcisista y súper egocentrista, maneja a su antojo las ramas legislativa y judicial,burlándose de la teoría de Montesquieu de la separación de poderes de toda democracia. El articulista expresa al final «que sería una pena» que Corra termine siendo impopular. No señor,no es ninguna pena; quien mal anda mal acaba.

  3. Hace 13 años

    Presidentes que se hacen llamar Democraticos del siglo XXI, sabra Dios, lo que eso relamente significa para ellos, su teorias y practicas, es la de pernoctarse en el poder, aunque con ello tengan que proceder en la ilegalidad de transformer o cambiar las constituciones de sus paises. Esa es la realidad de estos gobiernos autoritarios de pacotilla, llamados revolucionarios, Democratas, socialistas del sigo XXI.

  4. observador
    Hace 13 años

    La democracia, digeriendo su propia cosecha.

  5. chalio
    Hace 13 años

    a que Obama era un presidente respetuoso de las leyes y las instituciones norteamericanas; y recuerdo tambien otro articulo mas reciente que me dejo totalmente pasmado, que se referia a la guerra en Syria y en el que estaba de acuerdo con la posicion de Obama y el partido democrata en el que acusaban sin prueba alguna al gobierno de Syria de atacar a su propio pueblo con gases venenosos, con el tiempo se ha demostrado que fueron los terroristas lo que lo hicieron. La calle es dura de verdad.

  6. chalio
    Hace 13 años

    Este tipo de articulos tiene toda la caracteristica de ser un encargo por su tono suave y algunos alagos y a la vez con ciertas criticas dirigidas solamente al caracter personal del autoritario Sr. Correa. A partie de la reeleccion de Obama en USA e notado al Sr. Montaner que le ha dado mucho por escribir en forma antojadiza y sin evidencias temas como la ley autoritaria de salud de Obama, recuerdo uno que el llamo «sin novedad en el frente» referente siempre a favor de Obama, haciendo alusion

  7. Denso
    Hace 13 años

    En cierto modo entiendo lo que dice Urrutia,pero creo que Montaner quiere decir a Correa se le han subido los humos a la cabeza,pero que no es del todo tan malo y nefasto como lo son sus colegas de la misma rapinia a la que pertenece,ya que Correa es al menos inteligente y con capacidad para gobernar un pais,y sin necesidad de recurrir a los abusos y leperadas de maduro,ortega y los castros;pero que se puede malograr,Evo aunque es un acomplejado,no es una mala persona;esa es mi punto de vista

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