Luis Adolfo Medal Mendieta
Reiteradamente leemos artículos de opinión y escuchamos a numerosas personas insistir en las fortalezas del régimen actual que desgobierna Nicaragua. Y muy poco se dice sobre sus debilidades y talones de Aquiles. En estas líneas mencionamos brevemente algunas de las principales debilidades del régimen, cuya discusión y comprensión es fundamental para diseñar las estrategias que puedan conducirnos a una República Democrática: En el plano ideológico, la difusión de una ideología “cristiana, socialista y solidaria”, confusa, difusa y claramente oportunista, y el abuso de los símbolos y del lenguaje religioso cristiano, mezclándolo con creencias esotéricas de otras religiones, provoca la natural oposición de la Conferencia Episcopal y de importantes obispos, así como el malestar de muchos pastores de iglesias evangélicas. Y más importante aún, el rechazo de los sectores cristianos más consecuentes con el Evangelio.
A pesar de las ambigüedades de algunos, la posición de la Conferencia Episcopal sobre la ilegítima “reforma constitucional” no pudo ser más contundente, y lo escrito, escrito está, y será faro que guiará a los verdaderos cristianos.
Por otra parte, el enriquecimiento corrupto de los personeros del régimen contradice cualquier pretensión de socialismo. Sencillamente es un absurdo hablar de socialismo, acumulando propiedades, y cuando las empresas y fortunas de la nueva oligarquía son producto de la corrupción y del robo al erario público, y cuando su vivir bonito se da a costa de la miseria de las mayorías. Además, no existe solidaridad real con los pobres cuando es reducida a la solidaridad mafiosa entre los nuevos amos oligarcas, y a los pobres solo les dan las sobras de la mesa.
En el área económica, a pesar de la constante campaña publicitaria del Gobierno, secundada por sus acólitos para presentar los débiles y frágiles logros económicos como importantes avances, la persistencia de la pobreza y de miseria de la mitad de la población, contradice toda retórica triunfalista. La realidad es obstinada: aproximadamente, la mitad de la población adulta está desempleada o subempleada; el ingreso per cápita hoy es inferior al del año 1976, en dólares constantes; las exportaciones del 2013 apenas igualaron a las del año 1976; las importaciones duplican las exportaciones; y Nicaragua sigue en el último lugar en ingreso per cápita y nivel de vida en Iberoamérica.
En el área social, hoy, la inequidad y la desigualdad social es igual o peor, a la de los tiempos de los Somoza: los sacrificados dirigentes del régimen viven como sultanes y emires, mientras las masas se debaten en la pobreza. La contradicción entre “sandinistas” millonarios versus “sandinistas” pobres, es caldo de cultivo del descontento; por otra parte, los sectores medios ven limitadas sus opciones y están cayendo en la pobreza, y la inmensa mayoría de los graduados universitarios no encuentra trabajo, y siguen emigrando. Muchos empresarios están descontentos con la competencia desleal de la nueva oligarquía; las dádivas sociales no alcanzan para la mayoría, y la carestía de la vida afecta sensiblemente a los sectores medios y a los más pobres.
Para explotar las debilidades del régimen, la verdadera oposición deberá construir una visión de la nueva Nicaragua, unirse alrededor de una estrategia de lucha y un plan de acción, y sobretodo superar los vicios políticos y la corrupción vigente en casi toda la sociedad nicaragüense, tomando además conciencia de que la mayor debilidad del régimen actual es su incapacidad de desarrollar integralmente a Nicaragua, ya que para ello se requiere instaurar una nueva ética institucional y política, además de una revolución educativa y agroindustrial, que solo podrá llevar a cabo un gobierno democrático.
El autor es ingeniero.