Vicente Maltez
Médico Internista
Un corazón normal de adulto se contrae cien mil veces por día a un promedio de entre 60 y 100 latidos por minuto. Las frecuencias inferiores a sesenta por minuto son bradicardia o ritmo lento y por encima de cien por minuto taquicardia.
Cada latido es una contracción del ventrículo izquierdo y coincide con el “bombeo” de sangre que totaliza de entre tres y cuatro litros de sangre por minuto. Nuestro corazón está dotado de su propio sistema eléctrico y ese sistema lleva “la chispa” que da inicio a la contracción del ventrículo.
Cuando el médico escucha el corazón o toma el pulso del paciente puede establecer la frecuencia cardíaca y en ese momento define si hay bradicardia, luego se comprueba por medio de un electrocardiograma.
En condiciones normales el corazón disminuye su frecuencia durante el sueño y en atletas puede ser normal. Sin embargo se considera que un ritmo lento o bradicardia es anormal por varias causas.
Si se da en horas de la madrugada puede tratarse de apnea obstructiva del sueño, mal funcionamiento de la tiroides, tumores cerebrales o efecto tóxico de medicamentos: digoxina, betabloqueadores (atenolol, propranolol, clonidina, antiarrítmicos y otros. Un ataque cardíaco agudo es otra posibilidad.
En adultos mayores la cardiopatía isquémica o coronaria es causa frecuente y se produce por la falta de riego sanguíneo en el sistema eléctrico del corazón.
Cuando la bradicardia es de cuarenta latidos por minuto o menos comienzan a aparecer síntomas derivados de la falta de bombeo de la sangre: vértigos o mareos, desmayos (síncopes), dolor en el pecho y paro respiratorio.
Pueden prescribirse medicinas, lo más acertado en la bradicardia sintomática, en especial en bloqueos cardíacos completos o de tercer grado, es la instalación de un marcapaso cardíaco. Su bradicardia puede ser una señal de alerta, atiéndase a tiempo. ¡Salud!
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