Inés Izquierdo Miller
Para articular los sonidos que emitimos al hablar ocurre un proceso en el aparato de fonación, que no es más que el conjunto de órganos del cuerpo humano que funcionan para producir la voz.
Los órganos que intervienen son: pulmones, diafragma, bronquios, tráquea, laringe, boca, paladar, lengua, dientes, labios, etc.
La fonación comienza cuando el aire de los pulmones sale estimulado por el diafragma. El aire viaja por los bronquios hacia la tráquea, en cuyo extremo superior está la laringe, la cual tiene un estrechamiento con cuatro pliegues que son las cuerdas vocales.
Entre las cuerdas derechas e izquierdas hay una abertura que se cierra o abre para pasar el aire pulmonar, es la glotis; las vibraciones de las cuerdas vocales al abrir y cerrar la glotis, producen un sonido neutro que es la voz.
Cuando esta vibración sale es modificada por las posiciones de la lengua, la boca, los labios, etc., y producen las articulaciones de la voz.
Las principales cualidades de la voz son las articulaciones, la intensidad, la duración y la extensión. Ya vimos que las articulaciones son los movimientos de la boca que modifican la voz.
La intensidad de la voz es el mayor o menor grado de fuerza al emitir los sonidos. El mayor grado de intensidad constituye el acento, por eso la sílaba tónica o acentuada es la que se pronuncia con mayor intensidad.
La duración de la voz es el tiempo en que se emiten los sonidos.
La extensión es la inflexión aguda o grave que se produce según se dilata más o menos la laringe. Constituye el tono que puede ser grave o agudo.
Los defectos más comunes al hablar son: voces guturales, voces nasales roncas y las temblorosas, pero la buena noticia es que tales defectos pueden corregirse mediante ejercicios apropiados.
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