Fernando Bárcenas
El pasado viernes 21 de febrero se cumplió el 80 aniversario de la muerte de Sandino. Más que morir a traición, Sandino, por nobleza e ingenuidad, creyó que la política estaba separada de la guerra, y se metió por propia iniciativa en la trampa militar que le tendió, políticamente, el embajador Arthur Bliss Lane (por órdenes del Departamento de Estado).
El presidente Juan Bautista Sacasa, apodado por Rubén Darío “nulidad sonriente”, fue el señuelo inconsciente de la emboscada más trágica de nuestra historia. Su hija Maruca le advirtió, a las 10:30 de la noche del 21 de febrero, que al subir hacia la loma en su automóvil había visto cómo una patrulla de la guardia (al mando del capitán Lizandro Delgadillo) detenía el vehículo de Sofonías Salvatierra (que bajaba de casa presidencial, al concluir la cena, durante la cual Sacasa aseguraba a Sandino que la guardia, en adelante, respetaría los acuerdos de paz alcanzados un año antes). Maruca refirió a su padre que encarcelaron a don Gregorio Sandino y al profesor de historia y ministro de Agricultura y del Trabajo, en las cárceles de El Hormiguero. Y que los guardias condujeron a Sandino, Estrada y Umanzor, como prisioneros, con rumbo desconocido, pese a las gestiones y protestas que ella hiciera.
Bliss Lane confirmó a Sacasa que con el arresto de Sandino se ejecutaban instrucciones del Departamento de Estado.
El Estado Mayor del ejército sandinista había advertido la insensatez de viajar a Managua, pero, Sandino, creyente en el destino cósmico, y deseoso de consolidar la paz apenas las tropas yankees abandonaron el país, actuaba por arrebatos de inspiración y, en esa ocasión, en su cuarto y último viaje, como siempre, impuso su voluntad de jefe supremo al resto de generales (fundamentalmente, compuesto por campesinos, que creían ciegamente en la excepcional capacidad militar intuitiva de Sandino).
La guerra en Nicaragua, que duró siete años, tuvo para Norteamérica consecuencias políticas inmensas, durante la crisis económica de 1929. De igual magnitud era el prestigio internacional de Sandino. Nicaragua (conocida desde 1912 hasta 1927, como un país de vende-patrias) figuraba, gracias a la resistencia bélica de Sandino, como fuente de admiración y de dignidad nacional. En el Pentágono hay una placa, en la cual, los estrategas militares yankees reconocen que su primera derrota militar la reciben en Nicaragua, a manos de Sandino. Luego, añadirían una segunda placa, en 1976, por la derrota que sufrirán en Vietnam.
Pese al grado extremo de capacidad combativa, y a la brillante táctica militar de las tropas de Sandino, que merecen un estudio exhaustivo, no solo desde el punto de vista organizativo, en cuanto a ejecución de planes en situaciones límites, el aporte más significativo proviene de la participación política de una inmensa masa de campesinos y de sectores marginales, víctimas sociales de una economía extraordinariamente atrasada (con escasas relaciones de producción). Sandino relata la composición de sus tropas, en el libro que le dictara a José Román luego de los acuerdos de paz, y que acertadamente titulara Maldito país (al escuchar la maldición predilecta de los marines, que tomaban el fango, los suampos, la diarrea, los mosquitos, las pulgas y piojos, la malaria, las serpientes, los ríos con sus rápidos, los cerros y las tormentas, como fuerzas naturales que se integraban, también, a la guerrilla sandinista):
“El Ejército tiene un índice de sus partidarios, que en toda la región controlada suman ciento ochenta mil personas. Además contábamos con las tribus de zambos, sumos, miskitos y caribes que viven entre el río Coco y el Grande de Matagalpa. En total son un poco más de cien mil”.
Este carácter totalmente plebeyo de la lucha de Sandino es único en nuestra historia. Por desgracia, Sandino expresa claramente, a Román, su falta de visión política futura:
“El inmediato futuro político de Nicaragua me parece muy incierto y en el que no puedo ni debo participar, excepto en la organización de las cooperativas, cuyo propósito es ajeno a la política del interior de Nicaragua”.
Y confirma, su derrota política, al referirse al método que utilizarán los norteamericanos para subsanar la derrota militar:
“No sé en qué forma lo intentarán, pero sé que ellos (los gringos) cuentan con políticos muy hábiles y muy sutiles y que los nuestros son muy corrompidos y como usted lo sabe, desdichadamente la política no es mi terreno”.
El autor es ingeniero eléctrico.
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