José Antonio Peraza Collado
En los primeros meses de 1982, en el desconcierto de mi exilio, en una casa de San José Costa Rica, tuve en mis manos, por primera vez, un libro sobre Sandino recopilado por Sergio Ramírez. Por fin tenía acceso a parte de los documentos originales del general Sandino sin la mediación de un intérprete. Esa misma noche devoré casi en su totalidad el libro. Lo más impresionante fue la diferencia que percibí entre los documentos recopilados de Sandino y lo que la propaganda revolucionaria repetía una y otra vez.
Lo más impresionante de ese libro fue el ultimato dado el 12 de julio de 1927 a Sandino por el oficial norteamericano Hatfield USMC que decía: “…estamos preparados para atacarlo en sus posiciones y terminar de una vez por todas con sus fuerzas y su persona, si usted insiste en sostenerse”. Más impactante, aún, fue la corta y contundente respuesta de Sandino: “No me rendiré y aquí lo espero. Yo quiero patria libre o morir. No tengo miedo: cuento con el ardor del patriotismo de los que me acompañan”.
Desde ese día, nunca volví a cuestionarme, a pesar de mi oposición férrea a la revolución, si Sandino era un héroe nacional o no. Para mí tenía un lugar destacado en el panteón de los héroes. No obstante esta aclaración, mi interés sobre el héroe de las Segovias no terminó allí. Todo lo contrario, inicié un proceso de seguimiento y análisis que aún no termino.
Descubrí que las diatribas de la revolución sobre la verdadera causa de cohesión del ejército sandinista no se ajustaban a lo que decían sus documentos y sus mejores biógrafos. Según Gregorio Selser, su más grande biógrafo, la “voluntad de resistencia no estaba en modo alguno respaldada por convicciones políticas o sociales definidas”; más bien “el núcleo de cohesión lo constituía la simple decisión de arrojar a los norteamericanos de Nicaragua. Toda otra explicación es falsa…” Igual opinión tiene Rodolfo Cerdas, el mayor conocedor de las relaciones entre Sandino, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) y la Internacional Comunista. Según él, “la oficialidad del ejército sandinista era de diferente nacionalidad, extracción social, e ideología política, siendo el elemento cohesionador la determinación firme de expulsar al invasor norteamericano de tierras nicaragüenses”.
Como parte de la influencia ideológica del APRA, Sandino reivindica públicamente su pertenencia a la raza indohispana. No obstante, cuando Belausteguigoitia lo entrevista en 1933 y le pregunta cómo ha sido la influencia de su esposa para la lucha, su única respuesta es que es originaria de la zona y que tiene “un 95 por ciento de español”. Para Wünderich, Sandino reconocía en público con orgullo que en sus venas circulaba “sangre india”, sin embargo, en su vida privada tenía la necesidad de “ocultar el lado indio de su propia procedencia”; y concluye, mientras él, “en su vida personal, se vio obligado a negar su descendencia indígena, hizo suyas con avidez las ideas del indohispanismo”. Todo lo anterior muestra que su matrimonio tenía como finalidad blanquearse con propósitos de ascenso social.
La composición social del ejército sandinista fue campo fértil para el desarrollo de dos tipos de influencias ideológicas: una proporcionada por el APRA con Estevan Pavletich y la otra la Internacional Comunista a través de Farabundo Martí y los venezolanos Gustavo Machado y Carlos Aponte. Estas influencias dejaron al descubierto las profundas limitaciones políticas e ideológicas que asumió Sandino durante toda su vida. Abrazó la mayoría de las tesis del APRA para América Latina y dependió profundamente de la capacidad política de los militantes comunistas de su ejército. Sandino llegó a decir que lamentaba el retiro de Martí “tanto como la pérdida de una batalla”. Muchos de los escritos políticos mejor elaborados de Sandino se produjeron cuando Martí permaneció a su lado. A pesar de estas influencias, Sandino mostró su predilección, hasta el último día de su vida, por el partido liberal. Llegó a decir con orgullo que su ejército estaba formado por “liberales voluntarios nicaragüenses, y de indohispanos”. Junto con sus firmes convicciones antimperialistas tomadas del APRA y su nacionalismo militante, coexistieron y se impusieron en él ideas esotéricas basadas en la teosofía.
Son enormes las deficiencias que podemos citar sobre Sandino. Sin embargo, ninguna de ellas lo desmerece como héroe. Más bien lo engrandecen, porque dejan al descubierto su enorme coraje y astucia, que desgraciadamente no fueron suficientes para suplirle sus carencias. Finalmente, me quedo con el Sandino que describió Farabundo Martí antes de ser fusilado: “Doy testimonio de la entereza moral, de la pureza absoluta del general Sandino… Y para morir, a dos pasos de la ejecución, declaro solemnemente que el general Sandino es el primer gran patriota del mundo”. El autor es politólogo