La estatura de un campeón está definida por el nivel de sus oponentes. Por eso es que Muhammad Ali, campeón en una categoría, es más grande que Manny Pacquiao, quien reinó en siete divisiones.
El récord es importante, pero no es el factor clave en las valoraciones. Por eso se reconoce más a Sugar Ray Robinson, quien perdió 19 veces, que a Rocky Marciano, quien nunca fue vencido.
Alexis Argüello está arriba porque además de su talento, se midió a lo mejor de su época. Y pudo ser el primer púgil de cuatro coronas, pero en vez de Saul Mamby, optó por Aaron Pryor.
¿Cómo vamos a valorar en el futuro a Román González, brillante pugilista que hace historia en los pesos pequeños? Todo va a depender de su legado, y eso se construye sobre el nivel de los rivales.
El sábado, el “Chocolatito” repasó a un mexicano más, Jorge Kantún, quien al igual que sus antecesores, no ofreció ninguna resistencia al inmisericorde golpeo, en ruta a una paliza brutal.
El récord de González se amplió a 38-0, 32 nocauts. Y siendo objetivos, el nivel de expectativas que generó la pelea, fue discreto. Se sabía por anticipado lo que ocurriría: daría otra tunda.
Y fíjese, no estoy insinuando que estos mexicanos sean malos. No, creo que hasta se defienden. Lo que pasa es que Román es tan bueno que los hace lucir como calamidades andantes.
Entonces, ¿cuál es el problema? Que el tiempo está pasando y el talento de Román se podría estar diluyendo. Y no se trata de querer verlo sufrir, sino que exigido, se hará aún mejor.
En este sentido, de dejar un legado, este año es clave.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 B