Guillermo E. Miranda
La desastrosa situación en que ha caído la oposición representada por los partidos políticos que se “oponen” al totalitarismo de Ortega, ha hecho que filósofos, politólogos, comentaristas y público en general, tengan rato de estar tratando de descifrar la causa de tan pobre desempeño de quienes a ratos permiten y hasta colaboran en ocasiones con las arbitrariedades y abusos de poder convertidos en leyes, decretos y reformas a nuestra Constitución, todas inconsultas.
Producto de esas reflexiones hay quienes consideran que hace falta un líder y es precisamente sobre ello que quiero argumentar.
Revisando nuestros procesos históricos desde Zelaya a la fecha, no he encontrado a ningún líder responsable de cambios o transformaciones sociales que haya marcado el presente de ese momento y por ende nuestro futuro como nación. Lo que sí he encontrado es oportunistas que por las circunstancias se han puesto al frente de dichos cambios usufructuando las conquistas que en su momento el pueblo ha logrado.
A Zelaya le entregaron la revolución liberal, la dinastía de los Somoza empezó cuando Anastasio Somoza García pretendió lavar la afrenta que le había infringido al imperio el general Augusto C. Sandino, asesinándolo, recibiendo como premio un ejército y un país que usufructuaron desde el poder él y los suyos por más de cuarenta años.
La misma historia se repite al triunfo de la revolución que derrocó al último Somoza en el setenta y nueve. En ese momento la casi totalidad de la dirección nacional que nos robó un sueño estaban en el extranjero o “dirigiéndola” desde una segura retaguardia y fue gracias al apoyo incondicional de Cuba, Venezuela y otros países comunistas, que se apropiaron del triunfo de una revolución que el pueblo había conquistado con sangre; recordemos que en ese momento Ortega tampoco destacaba entre los miembros de la Dirección Nacional.
En el noventa un grupo de políticos aprovechando la apertura que la Resistencia Nicaragüense había conquistado con su lucha, se pusieron al frente del gobierno desaprovechando por incapacidad o ambición la oportunidad de consolidar la naciente democracia que a algunos no les había costado ningún sacrificio digno de mención, los nombres por ser tan reciente dichos acontecimientos no hacen falta mencionarlos.
Así llegamos hasta Arnoldo Alemán y con él se continúa cumpliendo la regla, ya que su participación política inicia como un simple candidato a concejal del partido liberal, al que llevó al poder para luego sepultarlo por las debilidades que lo convirtieron en multimillonario, mientras entregaba en bandeja de plata una democracia que desgraciadamente no logró llegar a su pubertad.
Qué podemos decir de Enrique Bolaños, a él le cayó del cielo el poder y no supo manejarlo. Así se cierra el ciclo de hombres quienes sin ser líderes, las circunstancias los pusieron en posición de liderazgo el cual no supieron manejar, precisamente por carecer de todo aquello que distingue a quienes les cuesta las causas que logran transformaciones profundas. En cuanto a nuestro último iluminado, si no fuera por Chávez, no estaría pretendiendo repetir una historia que ya hemos andado varias veces.
Por ello no creo ni en santos en procesión ni aparecidos, ya que los cambios políticos y sociales que hemos experimentado han sido por acciones generadas por nuestro pueblo. El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense y actualmente miembro del PLI.