Juan Vega Gonzales (*)
La palabra riesgo tiene que ver con la probabilidad de pérdida. Una de las mejores definiciones de riesgo es “el peligro de tener éxito”.
La conocida frase de “quien no arriesga, no gana” no significa que estemos exentos de tomar las precauciones necesarias para proteger nuestro dinero.
La probabilidad de pérdida puede venir de factores internos o externos y normalmente se asocia a fallas, fraudes, robos o eventos inesperados, que determinan una pérdida de dinero, imagen y/o de salud.
Uno de los aspectos a considerar en el tema de riesgos es el de concentración. La concentración es qué tanto dinero tenemos invertido en una determinada zona geográfica, tipo de cliente, o empleado (nos da el límite de cuánto podríamos perder con esa concentración si las cosas no salen como esperábamos).
La concentración de información, toma de decisiones y/o controles en una sola persona también podría traer pérdidas. Por ello se define el “límite de riesgo” como la máxima concentración de dinero que queremos tener en determinado sector/ tipo de cliente (límite de pérdida en ese sector).
Como la palabra riesgo implica una probabilidad, es conveniente considerar diferentes escenarios que podrían darse, y cómo actuaríamos en cada uno de ellos con anticipación (escenario optimista, promedio y pesimista sobre el futuro), considerando la historia, tendencia y ciclos económicos.
Pregúntese, ¿que podría salir mal? A cada respuesta plantee de antemano posibles alternativas de solución, sus beneficios y costos, así como el momento en el que realizará sus acciones. Si los costos son mayores que los beneficios se debe evitar entrar o salir del negocio.
Defina de inicio un “límite de pérdida”, vale decir cuánto está dispuesto o en condiciones de perder si el negocio no sale como espera. Nunca arriesgue todo su patrimonio o un monto que pueda afectarlo significativamente en una sola inversión. Un consejo podría ser no invertir más del 30 por ciento de su dinero.
Otro elemento para gestionar los riesgos es manejar procesos y productos estándares y controles de calidad independientes, de manera de poder reaccionar inmediatamente cuando se presenten desviaciones respecto a lo esperado.
Un aspecto importante es el análisis de tendencias, ya que normalmente los cambios no se dan de un momento a otro sino que uno puede ir viéndolos evolucionar paulatinamente; y en consecuencia puede ir tomando decisiones oportunas para proteger su inversión.
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