Los nicaragüenses en general, católicos o de otras creencias, deberíamos mantener amplia difusión sobre la beata María Romero (Granada 13 de enero 1902-7 de julio 1977, Las Peñitas, León, Nicaragua), para conocer sus virtudes cercanas al cielo y la gigantesca obra social que realizó por amor a los pobres, razón de su vida y cercanía a Jesús y María.
Si bien es cierto que por obediencia a su Congregación Salesiana Hijas de María Auxiliadora, permaneció en Costa Rica la mitad de su vida debido a la pobreza que existía allá en ese tiempo. Se necesitó la presencia, vigor, carisma y fe de Sor María para llevar a cabo la extensa obra dedicada a los olvidados por estas sociedades. Los pobres existen en todas partes, “siempre los tendrán”, dijo Jesucristo. Lo difícil es que surjan personas con capacidad y convicción para ayudar semanalmente de tres a cinco mil personas; obsequiar lo indispensable a gente paupérrima que diariamente acudía en busca de ayuda, cariño para su desamparo, incluyendo milagros y el agua bendita de María Auxiliadora.
Sin embargo nuestra sor no se conformaba solamente con esta clase de ayuda. Con visión futurista y certera, pensó que un pobre seguiría siendo pobre toda la vida si no tiene un oficio para trabajar y superar su miseria. De allí surge la conocida Casa de la Virgen, llamada así por ella: un edificio construido con todos los requerimientos, donde instaló consultorios médicos con distintas especialidades: médicos internistas, entre otros, laboratorio, farmacia, casi un hospital totalmente gratis. Con su personalidad amable y tenaz que la caracterizó, conseguía doctores, instrumentos y todo lo necesario con su fe puesta en la voluntad del Señor y la Virgen
El edificio también alberga aulas de enseñanza técnica: mecanografía, costura, labores domésticas y manuales. Manejo de máquinas industriales que adiestraron a 16,000 mujeres para trabajar en maquilas. Todo con el propósito de alejar a jóvenes de la prostitución y acercarlas a enseñanzas cristianas.
Pero lo que Sor María consideró su obra más importante fue sin duda la capilla a María Auxiliadora, de allí el nombre: Casa de la Virgen, de donde surgieron gracias extraordinarias. Para citar solamente un ejemplo: cuando Sor María tenía una necesidad económica y no tenía como cancelarla, corría a la capilla a pedir auxilio a la Virgen, en varias ocasiones la ayuda llegaba de inmediato, ni un peso menos ni uno más de lo solicitado, según testimonio de doña María Elena Cuadra de Lacayo (nicaragüense), expesidenta nacional de las Damas Salesianas y querida amiga de Sor María. La misma sor le reveló las siguientes palabras: “Este altar lo he realizado con las limosnas que me han venido de Nicaragua, quiero que Jesús bendiga a mi Patria y a mi gente, que estén muy cerquita de Él”. Sor María Romero. (Libro Sor María Romero y los nicaragüenses ). (Testimonio pág. 113, año 2004).
Necesitaría mucho espacio para publicar tantas maravillas que realizó nuestra futura santa por los desposeídos. Antes de fallecer empezó Asayne: (Asociación ayuda al necesitado) para construir casas; inició con 3, actualmente son 170 apoyada por la sociedad costarricense, que continúa trabajando tras sus huellas. Debemos agradecer a estos grandes benefactores su generosa y permanente contribución.
Centroamérica ha recibido la bendición de unir a dos países hermanos, Nicaragua y Costa Rica. Aquí, debemos conocer más a fondo las acciones de esta heroína. Sentirnos orgullosos de su nacimiento en esta tierra donde recibió la iluminación de amar al prójimo que la ha llevado a los altares. Tenemos su Casa Natal, la pila bautismal, donde se inicia la santidad, según información de un reconocido teólogo y obras sociales que pronto daremos a conocer debidamente.
Sor Romero no olvida a sus coterráneos, sus obras ahora favorecen en un 90 por ciento al medio millón de nuestros hermanos inmigrantes residentes en Costa Rica, los más pobres de aquel país.
La autora es escritora nicaragüense.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A