Después de una formidable carrera, Roberto Clemente entró más hondo en el sentimiento popular, al entregar su vida con el propósito de ayudar a las víctimas del terremoto de Managua.
Eso le hizo trascender la esfera estrictamente deportiva. Saltó de pelotero a humanista. Y eso lo sostiene en la cima entre las figuras boricuas, que no son pocas y que brillan con luz propia.
Pero después de Clemente, a quien vamos a dejar en su pedestal, ¿quién ha sido el más feroz bateador boricua? Hablando de poder, aún con Clemente, el más potente ha sido Orlando Cepeda, pero el más temible, Juan González.
Voy a explicarme: los tablazos de Cepeda eran enormes e hizo caminar la pelota en una de las denominadas eras de la “bola muerta” . Sus 379 estacazos, comprueban que le pegaba con autoridad.
Pero González, bateador de líneas salvajes y feroz con gente a bordo, provocó miedo con su ritmo en jonrones y empujadas. Se iba a la calle una vez cada 15.1 turnos y su promedio de remolques por juego (.831) es el cuarto mejor de la historia.
“Igor” se retiró de 35 años. Para entonces ya había conseguido dos premios de Jugador Más Valioso (1996 y 1998), 432 jonrones y 1,404 remolques. Fue temible en los años noventa al coleccionar promedio de 37 tablazos y 117 empujadas entre 1991 y 1999.
Es el segundo artillero en la historia con 100 impulsadas antes del Juego de Estrellas (101 en 1998). Cinco veces bateó sobre .300 y nueve veces metió más de 27 bombazos en una campaña.
Entre Clemente y Cepeda, y los consistentes Edgard Martínez y Carlos Delgado, el más temible es el que está aquí, Juan “Igor” González.
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