Wendy Álvarez Hidalgo
II Entrega
La roya no solo está arrasando con las fincas de los cafetaleros y el empleo de más de 250 mil cortadores, también está devorando los ingresos de los comercios que proliferan las grandes zonas cafetaleras de Nicaragua.
Desde pequeños puestos de venta de sopa de res en una de las concurridas zonas de San Sebastián de Yalí, municipio de Jinotega, hasta grandes tiendas de vestimentas, calzados y ferreterías en San Juan de Río Coco, en Madriz, resienten el daño del hongo.
“Hay menos dinero en el pueblo”, así resume doña Edelma Rivera la principal razón de por qué sus ventas han caído 50 por ciento desde el año 2012, cuando en el pueblo se corrió la voz de que algo malo estaba ocurriendo en las fincas de los productores.
Una mancha amarillenta con tonos negros se comía el follaje de las plantas de café a una velocidad nunca vista en los 22 años que tiene de ser comerciante en San Juan de Río Coco, municipio del departamento de Madriz, a 240 kilómetros de Managua.
PLAGA SE TRAGA NEGOCIOS
Lo que nunca se imaginó —dice Rivera— es que casi 18 meses de haber escuchado sobre este brote en los cafetales, los estragos de la plaga tocarían a su puerta comiéndose gran parte de sus ingresos.
Para esta época su tienda está abarrotada, no de compradores sino de productos. En inventario todavía tiene mercancías propias de la Navidad, reflejo de lo mal que anda el negocio.
El ataque feroz de la roya comenzó en la cosecha de café 2012-2013, pero en el ciclo actual su efecto es mayor porque las plantas quedaron debilitadas y vulnerables a nuevas enfermedades como antracnosis y el ojo de gallo. Los frutos quedaron desnudos, y algunos de estos han sucumbido al mal clima que hubo en los primeros tres meses de cosecha (octubre-diciembre).
“Dicen que hay muchos cafetaleros que habían sido fuertes productores aquí en San Juan de Río Coco que no cosecharon ni una carga (quintal de café), ¿por qué? porque quedaron en cero, y eso nos ha venido a repercutir, porque se siente el poco movimiento de empleo en la zona y por ende menos compradores”, afirma Rivera, mientras acomoda parte de la poca mercadería escolar que adquirió en 2014 ante el temor de quedarse con la misma en inventario.
En San Juan de Río Coco, por ejemplo, una de las exportadoras acusa a las cooperativas de ofrecerle 200 córdobas adicionales por cada quintal de café a sus tradicionales clientes, los que han recibido asistencia técnica y financiamiento.
El pago mayor de las cooperativas parece más atractiva a los productores, cuyo precio promedio de las exportadoras es de 2,500 córdobas. Las cooperativas ofrecen 2,700 en esa localidad.
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Eso les preocupa porque si el sistema financiero nacional no se compromete a ayudarles en esta crisis del sector, entonces la misma se prolongará seis años más.
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200 MIL QUINTALES MENOS
En este ciclo, las fincas cafetaleras solo dieron empleo mes y medio, cuando antes un cortador tenía asegurado su trabajo por seis meses. En este municipio la producción ha ido en declive, y muestra de ello es que antes, de las entrañas de las montañas se cosechaban 280 mil quintales, y para esta producción se esperan 80 mil quintales.
Bismarck Ariel Cruz Castro es propietario de una de las tiendas de abarrotería más grande en San Juan de Río Coco y dice que hace tres años era común ver a cortadores hondureños y hasta salvadoreños. Incluso, transitar por la zona comercial de este municipio se tornaba en un dolor de cabeza, pero en las últimas dos cosechas la zona ha quedado desértica.
Cruz dice que sus ventas se han reducido entre un 25 y 30 por ciento, y lo atribuye al hecho de que “la gente siempre comprará comida, pero ahora llevan menor volumen. Hasta donde dé la bolsa”.
Según datos del Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor), Las Segovias produce el 24 por ciento del café que se cosecha en Nicaragua, otro 28 por ciento Matagalpa y un 35 por ciento Jinotega. El restante 13 por ciento se produce en zonas del Pacífico.
CORTADORES LLEGARON Y SE FUERON
Ada María Romero Fuentes es propietaria de un hotel en Jinotega y cuenta que en diciembre de 2013, cuando los cortes entran en su temporada pico, vio que centenares de buses llegaron repletos de cortadores, que al buscar ser contratados en las fincas, solo les ofrecieron trabajo por mes y medio y por eso se regresaron a sus comunidades.
Detrás de un mostrador de donde cuelgan botas de hule, de cuero y sombreros grandes y pequeños está don Bernardo Morazán Zeledón. Su rostro denota cierto enojo. Mientras discute con un comprador que le pide rebaja de precio, dice: “Esto está tan malo que ahora todos los que vienen acá quieren las cosas regaladas. Y eso no es así, nosotros tenemos deuda que pagar”.
Morazán expresa que la salida de la cosecha de frijol en San Sebastián de Yalí, en Jinotega, le ha dado cierto respiro a su negocio, cuyas ventas han caído 70 por ciento. Manifestó que antes vendía hasta 10 de botas a diario, pero desde que la roya se desató en los cafetales, “cuando el día está bueno ahora vendo dos pares. A veces ninguno”.
En tono molesto afirma que desde que se desató la crisis ha optado por cerrar todas las líneas de crédito que daba a sus clientes, porque “toditos me han quedado mal, pero ni la gente honrada me pagó. Todos culpan a la roya”.
Y es que la crisis ha pegado duro a comercios grandes y pequeños. Doña Gloria Castro grita como si nadie la escuchara: “Rica sopita de res, vengan muchachos aquí hay lugar para que almuercen”.
“Ni me pregunte sobre mi negocio, que me da dolor de cabeza pensar en eso. Aquí ya no hay realitos. Si esto continúa así nos vamos a morir de hambre”, responde al ser consultada por LA PRENSA.
Su preocupación es que sus ventas han caído en casi un 60 por ciento. “Mire, antes me vendía entre 60 y 70 tazas de sopa, y ahora estoy haciendo solo 30 y a veces se queda”, afirma.
¿Y que pasará cuando se acabe el mes y medio de corte en los cafetales? “Yo creo que me iré a buscar algún asilo para que el Estado me mantenga”, dice.
COOPERATIVAS CON DEUDAS
Lo único que le da sosiego a doña Gloria es que no tiene deudas con los bancos o financieras, algo que sí preocupa a las cooperativas de productores.
Santos Eladio Castro Zavala es presidente de la Cooperativa de Servicios Múltiples El Gorrión, de San Sebastián de Yalí, que en años de bonanza en el sector cafetalero obtuvo un préstamo por un millón de dólares del Banco de Fomento a la Producción.
Cuando estalló la crisis en la cosecha 2012-2013, la cooperativa, que agremia a 500 productores, tenía un adeudo de 500 mil dólares, que ahora necesita restructurar con esta entidad bancaria.
Castro está convencido que aunque hayan atrasos en los pagos de los productores van a poder honrar su compromiso con Produzcamos.
El dirigente gremial dice que les preocupa que los productores estén endeudados porque así no podrán hacerle frente a la necesidad de renovación de cafetaleros que necesitan.
Masiel Canal Talavera es miembro de El Gorrión y dueño de 10 manzanas. La roya se le comió el 90 por ciento de sus siembras, el problema es que él debe 40 mil córdobas a esta cooperativa. ¿Cómo va a honrar su deuda? “No lo sé”, responde.
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