Centenario de Octavio Paz

Julio Icaza Gallard

En mis años de estudiante, en la España bajo la dictadura de Franco, leí por vez primera Los signos en rotación. Desde entonces no he cesado de leer y releer la obra poética y ensayística de Octavio Paz, encontrando en cada lectura nuevos alumbramientos y resonancias, sorprendentes respuestas e insólitas perspectivas, inspiración inagotable para desarrollar sus múltiples esbozos e insinuaciones, experiencia que solo proporcionan los grandes clásicos.

Con El arco y la lira y Los hijos del limo, la trilogía básica de la poética de Paz, la lectura iniciática de aquellos ensayos me llevó a comprender el sentido de la poesía y el arte modernos y, con ellos, de la historia de la modernidad. Con Paz asistí a la escuela de los “ismos”: romanticismo, simbolismo, modernismo (hispanoamericano y anglosajón) y surrealismo; al ocaso del futuro y el agotamiento de las vanguardias: la epifanía de un nuevo tiempo, el presente, y de una poesía bajo el signo amoroso del cuerpo. Con Paz conocí al Rubén Darío oculto, al otro Darío, que no enseñan las escuelas y soslayan las academias, al “maestro mágico”.

La poesía de Paz es poesía del ser y, por ello, poesía de la palabra, uno de los grandes personajes de sus versos. Palabra en sentido heideggeriano: morada donde habita el hombre. Y poesía de la soledad, prisión y angustia, dispersión y búsqueda del tiempo perdido y la unidad primigenia; nocturna recolección de fragmentos y ansia de reconciliación en la unidad solar. Poesía de la noche bajo la invocación de Isis; de la mujer, cielo o infierno, cifra de lo otro; poesía de la desolación, donde los tiempos se entreveran y un alba que no llega apenas parpadea en la desierta espera. Poesía de la solidaridad con los hombres, con los oprimidos y desterrados del mundo. Poesía de la otredad, la indigencia y la libertad. No otro es el contenido de su obra poética fundamental, Libertad bajo palabra.

Poesía como diálogo y fundamento que soporta a la historia e historia como diálogo con la poesía, el lenguaje primitivo de los pueblos. En la obra de Paz, poesía y reflexión histórica y política, la otra fuente inagotable de enseñanzas del gran maestro mexicano, son inseparables.

Formado en los valores de la libertad y la justicia social, por su abuelo liberal y su padre zapatista, conoció desde muy joven al otro México, el indígena y campesino, olvidado, silenciado y traicionado, cuyas entrañas indagará en El laberinto de la soledad y Postdata. Pasión por desentrañar el ser mexicano, a través de su maravilloso estudio de la vida de Sor Juana Inés y la reconstrucción de la sociedad cerrada novohispana.

Nacido con la Primera Guerra Mundial y la Revolución mexicana, Paz fue un poeta del tiempo y de su tiempo, de un siglo desgarrador, revolucionario y brutal como fuera el Siglo XX. Bakunin, Fourier, los anarquistas españoles y Marx, a quien consideraba parte inseparable del pensamiento occidental, alimentaron en sus años de estudiante su espíritu libertario. Espíritu que le llevará a solidarizarse activamente con la República española; a su crítica valiente e implacable, por igual, de las dictaduras latinoamericanas y el comunismo totalitario, en libros como El ogro filantrópico y Tiempo nublado; a la defensa, en su última etapa, de las instituciones democráticas, como clave del tránsito de Latinoamérica a la modernidad.

Imposible resumir la obra de Paz en tan pocas líneas. La celebración, el próximo 31 de marzo, del centenario de su nacimiento, debería servir para el estudio y difusión entre la juventud de este merecido Premio Nobel, poeta en el sentido integral de la palabra, profeta y visionario; grande entre los grandes, universal y latinoamericano. El autor es jurista.

COMENTARIOS

  1. Loca dio
    Hace 13 años

    Excelente, educativo. Lo que necesita Nicaragua.
    Gracias Julio

  2. GEOVANI RODRIGUEZ
    Hace 13 años

    Como dice el articulista es imposible hablar de Don Octavio Paz en tan pequeño artículo., es probable que el Laberinto de la Soledad haya sido una influencia enorme en la configuración del libro «El Nicaragüense» de Pablo Antonio Cuadra. En sus ensayos políticos sobre sale el sentido crítico que debe de haber hacia los sistemas al respecto el considera que uno de los fracasos de las Revoluciones es la falta de Crítica.

  3. GEOVANI RODRIGUEZ OROZCO
    Hace 13 años

    Sin duda alguna un gran artículo., EL CENTENARIO DE OCTAVIO PAZ se tiene que celebrar estudiándolo, discutiéndolo, leyendo su poesía y su obra completa….. Muchas Gracias al Sr. Julio Icaza por publicar tan buen artículo que contribuye a la educación y la cultura de los lectores del diario La PRENSA

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí