¡Matateco Dio Mispiales! Saludaba Chevo, el último viejo violinista tradicional que tocaba los sones del Güegüense. Sonreía siempre. Antes solo así saludaban los viejos, a él le enseñaron así, creo que nadie lo hace ya en Diriamba. Significa Dios te guarde con bien en “lingua franca” (mezcla de náhuatl corrupto con español).
He compartido desde niño con muchos señores tradicionalistas del Güegüense, mas ahora relegando a Chevo, ya no andan en caites con suelas de llantas —como los llegué a ver en los ochenta—, ni la jícara con chicha bruja. Los que viven en comarcas aledañas a Diriamba ya no asisten a todas las celebraciones de San Sebastián. Solo algunos pocos que conocen de cabo a rabo todas las tradiciones folclóricas, la antropología del baile —muy celosa, sigilosa y aislados preservan—.
Los viejos que manejaban el baile, los parlamentos, los andaban en mente y nunca escribían, los enseñaban de boca a los viajantes de tren que venían de Masatepe, San Marcos, Catarina y Masaya. Recuerdo que en el Guayacán, en Aponpuá fui aprenderme los sones (los ocho: Dentrada, Ronda, Villancico, Corrido, San Martín, Porto Rico o Son de las Damas, Son de los Machos y El Borracho), y ver cómo hacían los violines con madera de talalate. Nos veníamos en carreta, bebiendo chicha bruja, de jengibre o champurreado con guaro pelón hasta Diriamba, me dijo Chevo.
La obra teatral danzaria con identidad cultural, gestada en la Meseta de los Pueblos Mangues o Chorotegas (Mankeme: Manquesa —jefes—). Producto de dos vertientes (indígena y española). La música, trama, vestuario representativo del mestizaje durante el periodo de imposición cultural hispánica. Expresa una protesta (denuncia) dirigida al sistema de gobierno colonial por los excesos de poder y corrupción, debido a las presiones económicas a que es sometido el pueblo; lo refleja de manera satírica, burlesca, ingeniosa y creativa. Permite una variedad de interpretaciones; el Güegüense es un individuo muy trabajador, astuto y próspero comerciante, prototipo del mestizo laborioso, preocupado por su familia y bienestar.
La obra refleja el sincretismo (vertiente cultural indígena y española) con profundo arraigo en sus costumbres indígenas precolombinas es una comedia bailete sin fin religioso, representada desde siglo XVIII finales o inicio del XIX. El autor primigenio posible data del siglo XVI o inicios del XVII. Con ocho personajes principales (Güegüense, Don Forcico, Don Ambrosio, Gobernador Tastuanes, Alguacil, Escribano Real, Regidor, Suche Malinche, Dos Damas —aventada y pachaca—); estos son los de Adentro, acompañados de 13 machos (hibrido de yegua y asno que son el Macho Viejo, Pardo, Guajaqueño, Cascarero, Moto y otros 7) y los de Afuera que son secundarios y ejecutan el baile con los principales, con 314 parlamentos. Se hacen “paradas”, es decir, se detiene la música y realizan los parlamentos, actúan. Expresa intereses y vivencias de clase emergente comerciante. Con simbolismos, juegos de palabras y representaciones de animal. El personaje femenino mudo, tan solo como figura decorativa. Como recursos las reiteraciones, frases de doble sentido. Combina frases españolas con expresiones o influencia directa verbales del náhuatl y algunas mangues.
Constituye una de las más importantes herencias culturales de los nicaragüenses y no solo de estos, sino del mundo entero, ya que el 25 de noviembre de 2005 la Unesco la declaró Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, por sus altos valores lingüísticos, literarios y folclóricos. El autor es diseñador creativo.
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