León Núñez
Benito Mussolini llegó al poder en 1922 después de que 40,000 “camisas negras” marcharon sobre Roma, lo que obligó al rey Víctor Manuel III a nombrarlo jefe de gobierno.
En enero de 1925 Mussolini instaura la dictadura. ¿Cómo? Empezó a someter a todos los poderes e instituciones del Estado al dictado de su voluntad absoluta, sin importar si su voluntad violaba la ley.
Desde mi punto de vista jurídico-político la dictadura surge cuando el gobernante se comporta por encima de cualquier consideración ética y legal; cuando su conducta la determina su ambición ilimitada de poder.
Ya en 1929 el control de Mussolini era total. El Ejército, la Policía, los tribunales de justicia, la administración electoral, etc., le eran completamente obedientes, siendo precisamente la obediencia ciega, estúpida, ilegal, abyecta, rápida y entusiasta la principal y más apreciada manifestación de lealtad política.
Cuando muchos italianos se preocuparon por los constantes abusos de poder que cometía Mussolini, cuando descubrieron su obsesión psicopatológica por el poder, empezaron a surgir piquetes o manifestaciones de descontento contra el gobierno. La respuesta se producía inmediatamente. La represión era llevada a cabo por los “camisas negras” acompañados de contumaces delincuentes de la más baja ralea que eran reclutados en los barrios bajos de Roma, Milán, Florencia, etc.
La represión brutal de los “camisas negras” y de los delincuentes citados se realizaba frente a la cómplice y complaciente presencia de la policía. En fotografías de la época se puede ver la risa, la gracia que le causaba a los policías las apaleadas brutales que recibían los manifestantes.
Arnaldo, hermano de Benito Mussolini, el hombre que más influyó en él, decía que todas las manifestaciones de descontento debían ser “cortadas de raíz” y que era importante para la seguridad de la República “construir en el cerebro de cada italiano la convicción, la seguridad de que el gobierno, por razones de Estado, lo puede destruir en cualquier momento, con razón o sin ella”. Naturalmente que el temor y la inseguridad de todo tipo se apoderó de la población.
En estas circunstancias, como para tratar de bajarle el perfil a los abusos y disminuir el temor de la población, a) se creó una política para atraer masivamente a la juventud con todos los recursos del Estado y b) se creó el “culto al Duce”.
“La juventud será nuestra”, anunció Mussolini. El partido fascista se convirtió no solamente en una máquina productora de jóvenes militantes políticos —con su consabido carnet— sino también en una maquinaria corrupta de clientelismo dirigida a la adhesión política. Durante varios años Mussolini utilizó a la Iglesia católica como instrumento para conseguir la adhesión política de las masas, especialmente de la juventud, pues el Duce era “el hombre enviado por la providencia” como lo llamaba el papa. Años después, cuando la Iglesia rectificó —una rectificación timorata— era demasiado tarde.
Con relación al “culto al Duce” y a manera de una repetitiva, descarada y asfixiante propaganda política aparecieron en todas las ciudades y pueblos de Italia fotografías del Duce acompañadas de muchos símbolos del Imperio Romano, los que con el martilleo verbal y escrito de las consignas políticas venían a conformar algo así como la liturgia de la religión oficial del régimen, con todo el lenguaje dramático derivado del fenómeno del poder, del poder que refleja las órdenes del poderoso y la capacidad de obedecerlas.
Estamos en 1929 —el Tratado de Letrán— cuando Mussolini, como las serpientes, “muda de piel”. El Duce se despojó de su feroz anticlericalismo y se volvió tan católico como el papa. Reconoció como Estado independiente a la Ciudad del Vaticano, le inyectó sumas astronómicas de dinero a las finanzas pontificias y hasta decretó ingresos mensuales al clero. Y por último hasta se casó por la Iglesia con doña Rachele, la madre de sus hijos, y en un alarde de cinismo se confesó y recibió la sagrada comunión. La verdad es que se unió la liturgia católica con la liturgia oficial del fascismo cuyo simbolismo provenía de la Roma de los Césares. Para Mussolini: una simbiosis feliz.
Cuando Alemania invade Polonia en 1939, comienza la Segunda Guerra Mundial. En un principio el Duce se inclina por la neutralidad que reclama el pueblo italiano. Pero después decide entrar en la guerra en alianza con Alemania. Es tan absoluto su poder que ante la petición de tres importantes generales del Estado Mayor del Ejército, de que reconsiderara su decisión, los mandó inmediatamente a retiro y los nombró en diferentes cargos “importantes” en el Instituto de Reconstrucción Industrial (IRI).
Ya sabemos el resultado de la Segunda Guerra Mundial. Mussolini intentó cruzar la frontera Suiza disfrazado de oficial alemán, pero fue descubierto el 27 de abril de 1945 y fusilado al día siguiente junto con su querida Clara Petacci. Los cadáveres los trasladaron a Milán y los colgaron cabeza abajo en una gasolinera. El Duce fue sometido a toda clase de ultrajes por la misma muchedumbre que antes lo aclamaba con locura. El autor es jurista y escritor