Si Anthony Bosch estuviese aún en lo suyo, apuéstele a esto: su teléfono estaría sonando incesantemente con atletas interesados en ordenar la “terapia de A-Rod”.
Este individuo que aprendió por sus propios medios ser un gurú del dopaje es quien —mediante su testimonio y archivos— dejó en evidencia a Alex Rodríguez.
Travis Tygart, director ejecutivo de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos, saca consuelo de los avances que ha tenido el programa de controles del beisbol de Grandes Ligas, dificultando que un jugador pueda esquivar ser detectado usando el mismo régimen hoy.
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Por momentos dio la impresión que era un charlatán cuando detalló el régimen de sustancias dopantes que suministró a Rodríguez. Habló de brebajes con nombres como “gummies”, “jabón líquido”, “crema rosada”, “crema azul” y hasta una “crema de noche”, cada una diversas dosis de testosterona que se le hacían llegar a “A-Rod” de distintas maneras durante el día.
Aunque esos nombres suenen absurdos, no se ría. Un atleta de elite haría gárgaras hasta con aceite de motor si tuviesen la convicción que eso les ayudaría mejorar su rendimiento sin dar positivo en un control antidopaje.
Y a diferencia del aerosol con extractos de cuernos de venado y otros tratamientos raros que el linebacker de los Ravens, Ray Lewis, trató de justificar en el Super Bowl el año pasado, prácticamente todo lo que Bosch le suministró a A-Rod por 12,000 dólares mensuales surtió efecto.
Poniendo a un lado los alardes de científico de Bosch, lo que hizo fue “probablemente la combinación de sustancias dopantes más potente y sofisticada para un atleta que hayamos visto”, dijo Travis Tygart, el director ejecutivo de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos.
“Es algo que no le gusta escuchar a la gente que quiere un deporte limpio”, dijo Tygart en una entrevista con The Associated Press. “Y no sólo créame a mí. Fíjense en las conclusiones del árbitro independiente que vio todas las pruebas, escuchó todos los testimonios y desenmascaró toda la trama”.
Tygart indicó que la rutina de dopaje que Bosch preparó incluyó docenas de controles sanguíneos para medir el metabolismo de las sustancias y determinar el momento apropiado para usar las dosis.
Había toda clase de químicos y drogas para fertilidad femenina hasta testosterona, hormona de crecimiento humano y factor de crecimiento insulínico.
“Era un potente coctel de sofisticadas sustancias combinadas para generar fuerza, ayudar en la recuperación, evitar ser detectados y producir un campeón de jonrones”, añadió Tygart.
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