Ayer 9 de enero los diputados eligieron una nueva junta directiva de la Asamblea Nacional, la que funcionará por los próximos dos años. De sus siete miembros la bancada gobiernista se adjudicó cinco cargos y para taparle el ojo al macho, es decir para dar apariencia de que vivimos en un Estado de Derecho, le permitieron a la oposición dos posiciones: la segunda vicepresidencia que le correspondió a la diputada María Eugenia Sequeira, de la bancada Bapli y la tercera secretaria a Wilfredo Navarro (quien la obtuvo como reconocimiento a sus actuaciones pasadas y las futuras, diría yo), ambas posiciones sin función específica alguna. He querido hacer este pequeño preámbulo para dejar claro qué consiguió la oposición en la conformación de dicha directiva.
Es interesante que hasta ahora el principal motivo que se ha esgrimido para justificar la aceptación de dicha posición, por parte de los Bapli, fue la confesión de que se habían equivocado antes, al negarse a formar parte de la directiva, y esto, según ellos, les ha impedido conocer las órdenes del día, lo que ha redundado en un no muy eficiente trabajo legislativo. Quiero hacer mención que por ley estatutaria de la Asamblea, los jefes de bancada asisten a todas las reuniones de Junta Directiva especialmente cuando se va a tratar el orden del día, el que es distribuido entre todos los diputados con 24 horas de anticipación. Otra explicación que considero pertinente hacer es que el presidente de la Junta Directiva tiene entre sus muchas funciones, nombrar a los miembros de las diferentes comisiones de trabajo y usualmente tiene especial cuidado en dejar en minoría en todas ellas a la oposición. En pocas palabras el presidente y su primera secretaría mangonean a su gusto y antojo el quehacer parlamentario.
Con esta explicación considero haber dejado meridianamente claro que la labor desempeñada hasta ahora por los diputados opositores muy poco o nada ha tenido que ver con que no hayan tenido representación en la directiva. Por lo que la pregunta a contestar es: ¿Qué favor le hacen a la causa de la democracia, hoy, exhibiendo un miembro en la directiva de un poder del Estado en el cual no tienen la mínima oportunidad de incidir en nada, incluyendo las antojadizas leyes que propone el ejecutivo y que la bancada gobiernista diligentemente le aprueba sin rubor alguno? Pregunto: ¿no hubiese sido mejor que los diputados opositores hubiesen redefinido su estrategia, tratando de ser más coherentes con lo que el pueblo les demanda? Podría seguir esgrimiendo consideraciones al respecto, pero la decisión de los diputados opositores fue aceptar la “representación” que al Gobierno se le antojó asignarles.
Pero que les quede claro que ello en nada contribuye a lo que debería ser la razón de su presencia como diputados opositores. Me refiero a que dada su inferioridad numérica, su labor debería ser de denuncia y que esa denuncia se traduzca en liderazgo en la población. Liderazgo que unido a otros factores podría forzar un cambio, el cual por ahora nadie vislumbra que se genere a través de ese poder del estado. Por ello considero que se equivocaron ayer y se equivocaron hoy. El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense y actualmente es miembro del PLI.
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