Luis Eduardo Martínez M.
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Ir a los cortes de café para obtener recursos suficientes que le permitan sembrar granos básicos durante la época de lluvias y garantizar la alimentación de su familia, ha sido durante años el ciclo laboral de Darío Hernández Sánchez, un obrero agrícola residente en el municipio matagalpino de San Dionisio.
“Siempre buscamos cómo venir a trabajar (a los cortes de café) porque de aquí llevamos unos centavitos para después ir a sembrar frijol, maíz y millón”, refiere Hernández, sin pausar el corte de café en una hacienda al norte de la ciudad de Matagalpa.
Igual que Hernández, más del 25 por ciento de los cortadores de café en el departamento de Matagalpa son también pequeños productores que en los cortes obtienen los ingresos para ir a cultivar tierras alquiladas, mientras que otro amplio porcentaje de los obreros va a los cortes de café para garantizar los útiles escolares a sus hijos, estima Joaquín Solórzano Lanzas, directivo de la Asociación de Cafetaleros de Matagalpa (Asocafemat).
Pero, por múltiples factores que afectan a la caficultura, Hernández dice que este año “está ralo” el corte de café, por lo que expresa dudas de que este año pueda alquilar las dos manzanas de tierra, comprar semillas e insumos para sembrar granos básicos en Los Limones, la comunidad donde vive en San Dionisio.
“Este año está malón, quién sabe, no es seguro ( ) porque en cortarse cinco medios (latas de café) no se gana nada”, dice Hernández, explicando que en años anteriores y cosechas cafetaleras “normales”, él logra cortar un promedio de ocho latas por día.
Hernández y su hijo Elí Hernández González coinciden en que esta vez sus ingresos han sido inferiores y según el muchacho apenas quedará “algo para sobrevivir”.
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