Un acierto en cuanto a ediciones es Literatura infantil en Nicaragua: estudio y antología de Pedro Alfonso Morales. Una primera antología de la literatura para niños que supera en muchos aspectos lo que hasta ahora se ha escrito en nuestro país. Un libro de un autor de literatura infantil, es decir, un escritor que vive la literatura para y por la niñez, como una genuina expresión de la creación literaria.
Esto marca la diferencia por ejemplo, con la antología Literatura para niños en Nicaragua , escrita por Jorge Eduardo Arellano y Vidaluz Meneses y publicada en 1998 por Ediciones Distribuidora Cultural. Lo privilegia en el sentido de un autor que escribe poesía y cuentos para niños, decide llevar la enorme tarea de acopiar, valorar y presentar esta antología. Por su carácter de maestro, implica la función didáctica que no tiene la antología de Arellano y de Meneses.
Pedro Alfonso Morales concibió esta antología, no solo como un trabajo de investigación, sino como un texto metodológico para los miles de maestros que utilizan la literatura como parte del aprendizaje. A su vez es un texto necesario para la promoción y motivación de la lectura para los niños y que ven en la literatura otros mundos.
También conlleva todo un trabajo académico, siendo parte de su trabajo de tesis de la maestría de Lengua y Literatura Hispánica de parte de la Universidad de Alcalá de Henares, de España y la UNAN-León.
Cristina Castillo Martínez, profesora de la Universidad de Jaén, España, expresa: “Pero este libro es mucho más de lo que promete. Este libro trasciende los límites de lo antológico con sus más de 300 textos, como trasciende los límites de lo infantil”.
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Recorrido
La publicación de Morales en su primera parte está estructurada desde diferentes ángulos de la teoría literaria y la expresión estética de la literatura para niños. Inicia con la rica tradición oral infantil nicaragüense: oraciones, canciones, romances, juegos infantiles y juegos de palabras, poesía, rifas, rimas, coplas, parabienes, versos escolares, retahílas, adivinanzas, villancicos, cuentos, leyendas y supersticiones.
La segunda parte la dedica a la poesía infantil en Nicaragua, recuperando la poesía culta, es decir, los textos escritos por poetas y dedicados a la niñez. Desentierra del olvido a poetas de los siglos anteriores como Agenor Argüello, Hernán Robleto y Lino Argüello, pasando por los más contemporáneos como Christian Santos, Luis Rocha y Milagros Terán. Es de especial interés y motivación el incluir una selección de poesía escrita por niños, asumiendo que el niño además de consumidor es también creador de literatura.
El tercer capítulo es dedicado a la narrativa partiendo de Pedro Ortiz, que con su cuento La pluma azul que es el primero en escribir para los niños, pasando por los grandes narradores y prosistas nicaragüenses desde Darío hasta Sergio Ramírez. En el capítulo dedicado al teatro apenas reúne cuatro autores, faltando textos de los grupos de teatro, como de los grupos Guachipilín, Triqui Traca, entre otros.
Termina la antología con música infantil que reúne a los hermanos Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy y letras del grupo Guardabarranco. Lástima que solo contiene una canción de Mario Montenegro, siendo este el gran creador de la música infantil nicaragüense.
Antecedentes
El interés por la literatura infantil, desde una conciencia de lo nacional, nace con el movimiento de Vanguardia, en cuanto es una de sus primicias estética el apoderarse de lo autóctono en una nueva valorización artística y literaria. La Petenera de José Coronel Urtecho, especialmente su Intermezzo Chinfónico, es un ejemplo de ello. Pablo Antonio Cuadra lo hará con sus obras teatrales, especialmente con su Pastorela . Pero quien tendrá un cultivo especial será Octavio Robleto, con obras como La Gallina ciega, Un jardín para ser feliz, Doña Ana no está aquí y La cucarachita Mandinga.
El primero que recoge expresiones infantiles populares es Ernesto Mejía Sánchez con Romances y corridos nicaragüenses publicado en 1946, donde aparece una sección de romances infantiles como Mambrú e Hilito de oro. En 1960 María Berríos Mayorga publica Juegos nicaragüenses de ayer y de hoy, que incluye alrededor de 134 juegos. Seis años después, en 1966 publica La adivinanza en Nicaragua, como otra expresión del juego tradicional.
En 1997 Pablo Antonio Cuadra y Francisco Pérez Estrada editan un texto fundamental Muestrario del folklore nicaragüense , donde una de sus partes está dedicada al folclor infantil.
El interés por una historiografía de la literatura infantil lo tendrá la poeta y bibliotecóloga Vidaluz Meneses, con su texto La literatura infantil en Nicaragua, cuando trabajaba en el recién inaugurado Ministerio de Cultura bajo la dirección de Ernesto Cardenal en 1980, destacando la literatura infantil popular y culta.
La ya citada literatura para niños en Nicaragua de Jorge Eduardo Arellano y Vidaluz Meneses incluye folclor, tradiciones infantiles, narrativa, poesía y teatro.

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