Luis Carlos Pérez
Mucho se ha dicho que debemos mejorar nuestro sistema educativo, que estamos a la zaga respecto a otros países, y que debemos trabajar en un plan de educación que nos haga competitivos. Es, hasta cierto punto, injusto compararnos con otros países, pero son referentes que tenemos para mejorar.
Recientemente publicaron los resultados del famoso programa de evaluación para estudiantes internacionales (PISA, por sus siglas en inglés). El estudio PISA 2012, que evalúa a jóvenes de 15-16 años, se centró en las matemáticas, la lectura y la ciencia, y en cuyos resultados varios países asiáticos lograron las mejores puntuaciones.
Nicaragua no participa de esta evaluación. De Latinoamérica solamente lo hace Costa Rica, Chile, Brasil, Argentina, Perú y Colombia. Todos los países participantes de la región se encuentran por debajo del promedio en su desempeño respecto de las economías o los países de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE).
De acuerdo con declaraciones del secretario general de la OCDE, publicadas por la agencia EFE, los países con mejores puntuación siguen patrones comunes como la selección y recompensa de los buenos profesores, la creación de un ambiente innovador en el colegio y emplear los recursos educativos de una manera equitativa entre las escuelas más y menos avanzadas.
¿Estamos haciendo eso en Nicaragua? Definitivamente no. ¿Existe preocupación acá cuando ni siquiera figuramos en la lista de mejores universidades o mejores estudiantes de América Latina? El Gobierno ha anunciado reformas para este año 2014. Eso está bien, pero ¿no es un poco (por no decir “muy”) tarde? Debimos haber empezado hace más de una década. Hemos dicho que queremos ser más competitivos, más productivos, y finalmente salir de la pobreza; sin embargo, no hemos trabajado en las reformas necesarias para lograr nuestras “metas” de reducción de la pobreza.
Acá un joven de 15 años no entiende lo que lee y tampoco sabe resolver ejercicios complejos de matemáticas. Si comparamos a estudiantes que ingresan a las universidades (17-19 años en promedio) también nos damos cuenta que estamos muy mal. Cuando se ven los resultados de matemática y español en primer año de la universidad, los resultados son desastrosos. La mayoría reprueba estas clases. Sólo basta preguntarle a un docente de estas áreas para conocer los deficientes resultados. Además, no debería ser responsabilidad de las universidades enseñar las clases básicas, como en efecto lo están haciendo, porque implica un año de atraso en materia educativa.
Las consecuencias serán graves para nosotros si no invertimos más en educación, mucho menos si no tenemos un modelo educativo que nos haga competitivos. La OCDE indica que la falta de habilidades en matemáticas limita el acceso a las personas a un mejor salario y trabajos más remunerados. ¿Qué está pasando en Nicaragua?
¿Qué saben los estudiantes nicaragüenses de 15 años? Sería injusto estereotipar a todos, pero definitivamente, a esa edad saben muy poco. Comprender una lectura, resolver ejercicios matemáticos y adquirir conocimientos básicos de ciencias son fundamentales para el desarrollo profesional. Invirtamos más en educación y en nutrición infantil para el desarrollo cognitivo; trabajemos en un modelo que sea verdaderamente efectivo, no uno que sea cortoplacista para responder a las necesidades de los gobiernos.
El autor es periodista.